ESPERANZA.
La presentación de la estrategia “Morelos por la Seguridad” por parte de la gobernadora Margarita González Saravia enciende una luz de genuina esperanza en una entidad que, por años, ha visto vulnerada su tranquilidad.
Que el anuncio se haya dado de cara a la ciudadanía, es un mensaje de cara a los retos, reconociendo sin matices las heridas más dolorosas del estado: la extorsión, la violencia de género y las adicciones en la juventud.
Los números presentados por la mandataria —como la detención de 691 personas en mayo y una notable reducción en la tasa de homicidios dolosos en comparación con el año pasado— demuestran que la maquinaria ya está marchando bajo el mando del general José Luis Bucio Quiroz.
Sin embargo, el verdadero éxito de esta iniciativa se medirá en el cumplimiento de esa sentida premisa gubernamental: recuperar la confianza ciudadana y el tejido social desde las escuelas y los hogares.
Los morelenses no exigen milagros, exigen instituciones limpias, cercanas y eficientes.
DESORDEN.
Las revelaciones sobre una presunta doble nómina y gastos desproporcionados en combustible en Cuautla no sólo exhiben un posible desorden administrativo, sino que encienden focos rojos sobre el uso de recursos públicos.
Más allá de las cifras, el reto es pasar de la denuncia a la rendición de cuentas. Las auditorías y revisiones deberán traducirse en responsabilidades claras, sin dilaciones ni encubrimientos. Porque en contextos de crisis financiera y exigencia social, la transparencia no es opcional.
