CUATRO AÑOS...
se cumplieron del colapso del puente colgante del Paseo Ribereño; el 7 de junio de 2022 quedó grabado en la memoria colectiva de Cuernavaca como una de las postales más lamentables de la negligencia.
Hoy, aquel aparatoso accidente que dio la vuelta al país y dejó a siete personas lesionadas, la herida social sigue abierta por una razón tan burocrática como indignante: la justicia continúa diferida, entrampada en un laberinto de audiencias aplazadas y argucias procesales.
La constante reprogramación de las audiencias —con una nueva cita en los juzgados fijada precisamente para este 8 de junio— es el reflejo de un sistema judicial que camina a cuentagotas, donde el paso de los años parece desgastar el reclamo de las víctimas más que la responsabilidad de quienes omitieron la correcta supervisión y seguridad de la estructura.
Entregar el espacio no borra el desplome, ni sana las lesiones de los afectados, ni exime de culpa a los responsables.
SALIDA FÁCIL.
La cancelación de actividades por el mundial en la Alameda de Cuernavaca destapa una alarmante falta de visión y gestión por parte del Ayuntamiento capitalino.
Culpar a las restricciones de la FIFA o a los costos de transmisión es la salida fácil; la realidad cruda es que la capital de Morelos quedó fuera de la fiesta deportiva por una total ausencia de previsión y creatividad.
Resulta vergonzoso que mientras municipios vecinos e instancias estatales logran coordinar esfuerzos, patrocinio y recursos para ofrecer espacios de convivencia a sus ciudadanos, la principal urbe del estado tire la toalla. Pero, ¿de cuánto es el presupuesto para el alcalde Urióstegui en su viaje a China?
