CRIMEN ARTERO.
El asesinato de Gabriel Rivas Ríos cala hondo, no sólo por el hecho de que actualmente fuera una figura importante dentro de la política morelense, sino por el papel que precisamente jugaba en esta.
Gabriel Rivas era una de las pocas voces críticas que se negaba a dar su brazo a torcer por intereses mezquinos. Cada vez que alzaba la voz era para defender las causas del pueblo, así como el bienestar de los ciudadanos y de los trabajadores.
Hoy, la voz de este morelense ejemplar fue silenciada para siempre, no así el legado que construyó durante décadas.
Gabriel Rivas se convirtió a lo largo de los años en una voz crítica al interior de las instituciones, un hombre que estaba dispuesto a cuestionar aquello que parecía opaco y que requería que fuera esclarecido para los morelenses.
En varias ocasiones alzó la mano para expresar su descontento con la forma en la que los gobernantes se desempeñaban, sobre todo cuando había dinero público de por medio o recursos que podrían ser ejecutados de manera más eficiente.
Hace algunos meses dimos cuenta de la defensa que hizo de los empleados de gobierno, quienes señaló que estaban cumpliendo con horarios excesivos. En un acto de solidaridad, fue a verlos e incluso les llevó comida.
Gabriel Rivas no era un político de escritorio, era uno de esos pocos que salen a las calles a ver lo que sucede, qué hace falta, qué se puede mejorar. No sólo para tomarse la foto y presumirla en redes. Era de los pocos políticos que realmente tenían vocación de servicio para sus semejantes y le va a hacer mucha falta a Morelos.
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