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Me crucé con él cuando atravesaba el Jardín “Juárez”, en el Centro de Cuernavaca; su condición física y la forma en la que se desplazaba me impactaron y no pude evitar mirarlo e intentar hablar con él.  

Aceptó conversar de buena manera y pese a la dificultad que también tiene para hablar, compartió algo de su vida. 

Se llama Elisut González Franco, o por lo menos eso fue lo que entendí; tiene 56 años y vive en la colonia Azteca, en el municipio de Temixco. 

Elisut no tiene sus extremidades inferiores e, increíblemente, en lugar de tener una silla de ruedas para moverse, lo hace amarrado sobre un carrito, construido con madera y llantas de “diablito” que consigue que rueden, empujándolas con sus antebrazos. 

La imagen es muy dura, pero también da cuenta de la gran fortaleza que se necesita para vivir en su condición y, aun así, considerar que la vida es hermosa. 

Le pregunté cómo llega a Cuernavaca y dijo que lo hace a bordo de un taxi, el cual paga con la ayuda económica que la gente le da. 

Elisut trató de contarme cómo ha sido su vida, pero su problema para articular palabras de forma fluida y la nostalgia y el dolor de encontrarse ahora sólo, le impidieron decir mucho. 

Únicamente alcanzó a decir que, mientras su madre vivió, siempre lo ayudó; ahora se vale por sus propios medios y le es mucho más difícil.

Hace dos meses, que viene a la ciudad los fines de semana; al frente de su carrito lleva una bandeja en la que espera que la gente le deposite una moneda. Lo que reúne le sirve para transportarse y comprar algo para comer, pues comentó que no tiene ningún otro ingreso.

Hoy espera poder comprar medio pollo para celebrar la Navidad, con la ayuda que la gente siempre le da, poco o mucho.
 

ANTONIETA SÁNCHEZ  / [email protected]  
 

Sobre el autor

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María Antonieta Sánchez Nere
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