La Encuesta Telefónica sobre Ocupación y Empleo (ETOE) que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) levantó para el primer mes de la pandemia por COVID-19, confirmó la inestabilidad laboral a la que millones de asalariados en el país fueron orillados por el distanciamiento social.
Como resultado, en abril se registró una disminución drástica de la Tasa de Participación Económica (TPE), y el aumento de la tasa de subocupación (TS) y de la tasa de desempleo (TD) de la Población Económica Activa (PEA) de 15 años y más.
En abril, la TPA (que incluye el empleo formal e informal, y el sub empleo) tuvo una caída de 12.3 por ciento, al pasar de 59.8 a 47.5 por ciento de marzo a abril.
El porcentaje representó una variación a la baja de 12 millones de personas que salieron de la actividad económica, principalmente por encontrarse en un estado de suspensión laboral, ocasionada por la cuarentena.
El INEGI destacó que se trata de una suspensión sin percepción de ingresos de por medio y sin la certeza de los entrevistados de mantener el vínculo laboral con la empresa o negocio para el que laboraban hasta antes de la pandemia, y de si van a regresar o no.
En contraste con esta baja, casi 6 millones de personas ingresaron a la sub economía, en busca de obtener ingresos para su subsistencia; el número pasó de 5.1 millones en marzo, a 11 millones en abril, con una tasa de subocupación de 25.4 por ciento de la PEA, y un crecimiento de 16.3 puntos.
En el mismo mes, la tasa de desempleo aumentó 1.7 por ciento, para llegar al 4.7 por ciento de la PEA, es decir 2.1 millones de personas.
En el mismo mes también aumentó la tasa de informalidad laboral, en 8 puntos, para ubicarse en 47.7 por ciento de la PEA.
“Esta disminución también refleja la suspensión temporal de actividades y la espera de retomarlas”, precisó el INEGI, en referencia a la emergencia sanitaria.
ANTONIETA SÁNCHEZ
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