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Médicos residentes en Morelos: el sacrificio de vivir en el hospital por una especialidad

Comunidad

En el Día del Médico Residente, dos jóvenes médicos del IMSS en Morelos relatan las exigencias, sacrificios y presión emocional de formarse en una especialidad.

Marcela Garcia Aparicio
Día del Médico Residente
Día del Médico Residente

CUERNAVACA.- Estudiar, atender pacientes, investigar y enseñar forman parte de la rutina diaria de los médicos residentes. Durante tres o cuatro años, estos profesionales hacen del hospital su verdadero hogar con el firme objetivo de alcanzar una especialidad médica.

En el marco del Día del Médico Residente, dos jóvenes profesionales del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) en Morelos compartieron los retos que enfrentan. La etapa exige conocimientos profundos, disciplina de acero y una gran fortaleza emocional.

Una rutina exigente que absorbe la vida personal

Montserrat de la Rosa Martínez, originaria de Torreón, Coahuila, cursa el primer año de Ginecología y Obstetricia en Cuernavaca. Ella explicó que la residencia implica mucho más que la simple consulta, pues exige capacitación técnica, labor de investigación y docencia para los médicos internos.

“Es un mundo que te absorbe”, reconoció la doctora sobre los primeros meses de trabajo. El proceso de adaptación resulta complejo debido a las largas jornadas, las urgencias continuas y la enorme responsabilidad de atender vidas humanas mientras continúan su propia educación formal.

Por su parte, Esteban de Becky Moro, de 29 años y egresado de la Universidad Anáhuac Querétaro, realiza su especialidad en Pediatría. A su llegada a la entidad, el joven médico encontró una demanda de atención sanitaria mucho mayor a la que tenía proyectada originalmente.

El reto emocional ante la pérdida de un paciente

Para Esteban, el aspecto más complejo de la especialidad en Pediatría es enfrentar el fallecimiento de un menor. El residente consideró que las aulas universitarias enseñan procedimientos y técnicas, pero existen situaciones duras para las que ningún salón de clases puede preparar completamente.

Ambos especialistas coincidieron en que la residencia médica requiere sacrificar la mayor parte de la vida personal, familiar y social. Pese a las jornadas agotadoras, consideran que tres o cuatro años de formación resultan apenas suficientes para dominar todo el conocimiento requerido.

Al final del camino, cada evaluación rigurosa y cada guardia nocturna los acerca a su objetivo principal. Los jóvenes buscan concluir exitosamente la residencia para competir por una plaza definitiva dentro del sistema del IMSS en el país.

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Marcela Garcia Aparicio
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