Mike Flanagan cierra su etapa en Netflix con una miniserie que es un homenaje magistral y sangriento a Edgar Allan Poe. Toma el cuento clásico como base, pero lo expande tejiendo tramas de otros relatos icónicos (“El pozo y el péndulo”, “El gato negro”, “La máscara de la muerte roja”, “El corazón delator” y más) en una historia contemporánea sobre una dinastía farmacéutica ultra rica, inspirada claramente en el escándalo de los opioides y las élites corruptas tipo “Succession” con terror gore.
La trama sigue a Roderick Usher y su hermana gemela Madeline, mientras narran cómo sus seis hijos mueren de formas cada vez más grotescas y poéticas, pagando las consecuencias de su avaricia y crímenes pasados. Hay un pacto sobrenatural con una misteriosa figura, y todo se cuenta en flashbacks que van revelando el origen del imperio.
Es la obra más violenta y gore de Flanagan hasta la fecha: muertes creativas, brutales y visualmente impactantes, con un ritmo que acelera hacia el final. Las actuaciones del elenco habitual son excelentes, la dirección es elegante y atmosférica, y la crítica social al poder y la corrupción pega fuerte sin ser panfletaria.
No busca los sobresaltos constantes ni el terror emocional profundo de “La maldición de Hill House”, sino un tono macabro, oscuro y casi divertido
en su crueldad. Si te gustan las antologías de horror literario con toques modernos y venganza sobrenatural, es adictiva de principio a fin.
