Llaman a visibilizar infancias en la calle

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Cuernavaca, Morelos.- El asfalto es su hogar, pero para las instituciones parecen no existir. En el marco del Día Internacional de los Niños en Situación de Calle, especialistas advierten que Morelos enfrenta un grave vacío de información que impide atender de fondo a este sector vulnerable.

Juan Martín Pérez García, coordinador de Tejiendo Redes Infancias, señaló que este fenómeno no es repentino. Es el resultado de una mezcla tóxica: desigualdad, violencia familiar, problemas de salud mental y un Estado que no responde a tiempo.

Cifras que maquillan la realidad

La falta de datos precisos es el primer obstáculo. Mientras el Censo 2020 solo reportó a un menor de 15 años sin hogar en Cuernavaca, la realidad en los semáforos y mercados del estado cuenta una historia muy distinta.

Expertos aseguran que no existen censos nacionales que midan con rigor cuántos niños viven o trabajan en el espacio público. Esta invisibilidad institucional condena a los menores a seguir en la exclusión, sin acceso real a educación o salud.

En Morelos, la situación se agrava con una tasa de trabajo infantil del 10.49 por ciento. Muchos de estos menores, aunque tienen un techo donde dormir, pasan la mayor parte de su vida en la calle, expuestos a riesgos de explotación y abuso.

Errores en la atención: De la ayuda a la condena

Pérez García criticó que la respuesta de los gobiernos suele ser la discriminación o la asistencia superficial. En lugar de atacar las causas estructurales como la pobreza, se opta por "limpiar" las calles o criminalizar la presencia de los menores.

"Se necesitan programas integrales que escuchen a los propios niños", afirmó el especialista. La solución no es solo darles una despensa, sino reconstruir sus entornos familiares y asegurar que sus derechos sean restituidos de manera permanente.

Un llamado a la empatía ciudadana

Más allá de las políticas públicas, el reto también es social. La discriminación hacia la infancia callejera perpetúa su ciclo de marginación. Reconocer su dignidad es el primer paso para una verdadera integración.

La visibilización y la empatía son herramientas clave. En un estado donde el trabajo infantil es una constante, dejar de ignorar a quienes habitan la calle es fundamental para exigir que las autoridades dejen de lado los discursos y actúen con presupuesto y programas reales.