Lo que comenzó como una breve expedición de 90 días se transformó en la aventura más grande en la historia de la exploración robótica. El rover Opportunity, enviado por la NASA en el verano de 2003, no solo cumplió sus objetivos; desafió las leyes de la ingeniería y la naturaleza marciana durante casi tres lustros.

Un viaje sin retorno Lanzado el 7 de julio de 2003, el "Oppy" (como lo llamaban cariñosamente en el Laboratorio de Propulsión a Chorro) cruzó el vacío del espacio durante seis meses antes de realizar un aterrizaje perfecto en el cráter Eagle de Marte, el 24 de enero de 2004. Su misión era ambiciosa pero clara: buscar "la huella del agua".

Hallazgos que cambiaron la ciencia Durante sus más de 5,000 días marcianos (sols), el rover descubrió minerales como la hematita y el yeso, que solo se forman en presencia de agua ácida o neutra. Estos hallazgos confirmaron que el Planeta Rojo no siempre fue el desierto gélido que vemos hoy, sino un mundo con un pasado húmedo y potencialmente habitable para la vida microbiana.

Récords de resistencia Opportunity no solo fue un científico, fue un atleta. Recorrió 45.14 kilómetros, superando el récord de distancia fuera de la Tierra que ostentaba el rover soviético Lunokhod 2. Atravesó dunas traicioneras, escaló pendientes pronunciadas y sobrevivió a inviernos donde las temperaturas caían por debajo de los -100°C.

El ocaso de un guerrero En junio de 2018, una colosal tormenta de polvo, de las que ocurren cada década en Marte, cubrió por completo la atmósfera del planeta. La luz solar, fuente de vida de sus paneles, desapareció. El 10 de junio, envió su última señal. Tras ocho meses de silencio y más de mil intentos de contacto, la NASA se despidió de él el 13 de febrero de 2019 con una última canción enviada desde la Tierra: "I'll Be Seeing You" de Billie Holiday.

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