Como madre soltera y única proveedora económica de su hogar, Rosa María Acevedo, refiere que cumple con varias jornadas laborales de lunes a domingo.
Es comunicóloga y servidora pública y sus horas libres las dedica a su hijo adolescente y al cuidado de la casa que comparten.
El tiempo no le alcanza, pero el dinero para pagar el trabajo que ella realiza, menos, por eso extiende su tercera jornada hasta casi la media noche, de ser necesario.
“Salgo del trabajo a las cinco de la tarde y partir de las seis, y hasta las once o doce, trabajo en casa. Dedico la mayor parte del tiempo, y de mi dinero en gasolina, en los cuidados directos de mi hijo, para llevarlo y traerlo de sus actividades extracurriculares o de crianza”, detalla.
Después de su principal labor, Rosy dedica las horas siguientes a las labores de su casa; por administración de los alimentos, prefiere cocinar casi diario. Cada tercer día lava ropa, y hace limpieza superficial, y los fines de semana ‘le entra’ a la lavada de la ropa de cama, de baños y de pisos.
Ha intentado pagar por el trabajo que ella realiza, pero el dinero no alcanza; comentó que en una ocasión, por necesidad, contrató a una persona para que limpiara su casa dos veces a la semana, y por separado utilizó los servicios de una lavandería una vez a la semana. Durante el tiempo que los usó, pagó $2,800 y $600 pesos al mes, respectivamente.
Doble jornada. Muchas mujeres tienen empleo y al llegar a casa deben hacerse cargo de la limpieza, comida y cuidado de los hijos.