Nadia ya sabía que la vida no iba a ser fácil. Sus hermanas eran esbeltas y graciosas y toda la familia siempre andaba resaltando sus virtudes. Todo lo que hacían resultaba ser una maravilla ante los ojos de los mayores. ‘¡Qué bien toca el piano Clotilde!’. ‘¡Qué dibujos más extraordinarios pinta Margarita!’, era lo que se oía en casa.
Sin embargo, Nadia era gordita y tímida, tanto, que si la obligan a hablar acababa tartamudeando y entonces lo que se escuchaba era: ‘Esta niña no sabe ni hablar’. Pero lo peor no era ser diferente, era que nunca nadie le dijera que había hecho alguna cosa bien. ‘¿De verdad que no se hacer nada?’, se preguntaba constantemente la pequeña.
Al principio, siempre la regañaban por hacer mal las cosas. ‘Te has equivocado’, ‘Eso no se hace así’. Pero poco a poco el tono fue subiendo: ‘¡Fatal!’, ‘mira que eres manazas y rompes todo cuanto tocas’. Hasta que llegó el día en el que escuchó la frase definitiva: ‘No sabes hacer nada, no vales para nada’. Desde entonces el silencio y las lágrimas se impusieron en el corazón de Nadia.
Sin embargo, una noche, mientras lloraba sobre su almohada, escuchó una vocecita lejana.
Nadia enseguida reconoció en ella a su abuela y después de mucho tiempo sonrió por primera vez. Desde entonces, todas las noches, Nadia hablaba con el espíritu de su abuela, quien le repetía una y otra vez que algún día descubriría su talento, su don. “Si crees en ti podrás hacer bien todo cuanto te propongas’”, era ahora la frase que repiqueteaba siempre en su cabeza.
Con el tiempo, Nadia se convirtió en una famosa cocinera gracias a las que habían sido las recetas de su abuela. Pero lo que realmente le hacía feliz era el momento de irse a la cama cada día y recordar todas las cosas que había hecho bien ese día. Tras repasarlas, sonreía al espíritu de su abuela y reconocía en voz alta que ella sí sabía hacer bien las cosas.
 
¿Qué le dijo su abuela a Nadia?

¿Con el tiempo en qué se convirtió Nadia?