Este martes 21 de octubre de 2025, Sanae Takaichi alcanzó un hito sin precedentes en la política japonesa al ser investida como primera ministra de Japón, convirtiéndose también en la primera mujer en liderar su partido gobernante, el Partido Liberal Democrático (Japón) (PLD).
Takaichi, de 64 años, es conocida por sus convicciones firmes y su afinidad con el legado del exprimier ministro Shinzō Abe. Admiradora de la “Dama de Hierro”, Margaret Thatcher, ha defendido políticas nacionalistas, una revisión de la constitución pacifista japonesa y un mayor papel de las Fuerzas de Autodefensa del país.
Su llegada al poder se da en un momento complejo: el PLD perdió su tradicional socio de coalición, Komeito, tras 26 años de alianza, lo que obligó a Takaichi a sellar una nueva alianza con el también conservador Partido de la Innovación de Japón (Ishin).
En cuanto al género, su nombramiento es simbólico, pero también ambivalente: aunque marca un avance al frente del Ejecutivo, su gabinete está integrado mayoritariamente por hombres —solo tres mujeres entre los ministros— y Takaichi mantiene posturas tradicionales en asuntos como el matrimonio igualitario y la sucesión imperial.
Económicamente, se inclina por una política de estímulo, continuidad del modelo “Abenomics” de Abe, con énfasis en el gasto público, recortes de impuestos y un banco central fortalecido. Estas propuestas han generado inquietud entre los mercados y analistas, dada la elevada deuda japonesa.
En el plano internacional, Takaichi adoptará una postura más firme frente a China, favoreciendo acercamientos reforzados con EE. UU. y una revisión del marco de seguridad regional. Asimismo, ha visitado el controvertido santuario Yasukuni Shrine, lo que aviva tensiones diplomáticas con países vecinos como China y Corea del Sur.
El ascenso de Sanae Takaichi representa un cambio de era en Japón: al mismo tiempo que rompe un tabú de género, abre paso a un giro político-ideológico hacia la derecha más conservadora. Su gobierno arranca ante desafíos clave —alta inflación, baja natalidad, tensiones internacionales y un electorado exigente— que determinarán si este nuevo capítulo se traduce en renovación o en continuidad reforzada.
