Ciudad de México.- El mítico concierto de Iron Maiden en México se convirtió en una auténtica fiesta de poder, nostalgia y heavy metal para conmemorar las primeras cinco décadas de historia de la agrupación británica. El Estadio GNP lucio repleto de fanáticos que ovacionaron de principio a fin a los pioneros de la escena musical internacional.
La banda liderada por Bruce Dickinson decidió mirar hacia sus orígenes para construir un repertorio especial dedicado a las primeras producciones discográficas que cimentaron su estatus mundial. Apenas unos segundos sobre el escenario bastaron para demostrar que la conexión entre el grupo y el público mexicano se mantiene intacta a pesar del paso del tiempo.
Un viaje hacia el origen del heavy metal británico
El espectáculo arrancó con la potencia de "Murders in the Rue Morgue", tema perteneciente al emblemático disco Killers de 1981. Dicha interpretación abrió el camino a un recorrido nostálgico por la primera etapa de la banda, sorprendiendo a las miles de almas reunidas en el inmueble capitalino.
A lo largo del inicio de la velada sonaron himnos como "Wrathchild", "Killers" y la clásica "Phantom of the Opera", trasladando a la audiencia hasta su álbum debut publicado en 1980. La comunión entre los músicos y los asistentes convirtió la pista en un coro masivo que retumbó en los alrededores del recinto.
Bruce Dickinson rinde homenaje a la fanaticada mexicana
El momento cumbre de la noche se dio cuando resonaron los acordes de "The Number of the Beast", provocando que las gradas y la cancha se unieran en un solo grito colectivo. El propio Bruce Dickinson tomó el micrófono para dirigir unas palabras de agradecimiento en una mezcla de español e inglés.
"Hola, Ciudad de México. Cumplimos 50 años y este es el concierto más grande que hemos hecho en México. ¡Gracias!", expresó el cantante, catalogando además a los seguidores locales como uno de los públicos más entregados del planeta.
Escenografía monumental y canciones rescatadas del pasado
Dentro de las sorpresas del Run For Your Lives World Tour, la banda rescató del olvido "Infinite Dreams", tema del álbum Seventh Son of a Seventh Son que llevaba cerca de 35 años sin ser interpretado durante una gira internacional. El vocalista invitó a los asistentes a no dejar de soñar antes de dar paso a la melodía.
Posteriormente, la escenografía se transformó por completo para dar cabida a la estética del antiguo Egipto con la interpretación de "Powerslave". Una figura faraónica gigante de Eddie, la icónica mascota del grupo, dominó el escenario mientras el Estadio GNP estallaba en júbilo, consolidando una noche memorable para la historia del rock en el país.
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