Las hormigas carpinteras del bosque pluvial brasileño afrontan una difícil vida. Cuando uno de esos insectos es infectado por un hongo, se convierten en lo que se ha denominado “hormiga zombie” y ya no tiene control de sus acciones.

Al ser manipulada por el parásito, la hormiga infectada abandonará los cómodos confines de su casa arbórea y se dirigirá al suelo del bosque –un área más apropiada para el crecimiento del hongo.

Después de colocarse bajo una hoja, la ‘hormiga zombie’ se queda en ese lugar y se dedica a masticar el follaje.

Esto es el acto final de la víctima. A partir de allí, el hongo sigue creciendo y se apodera del cuerpo de la hormiga, eventualmente perforándole la cabeza y liberando sus esporas. 

Este proceso, desde el inicio hasta el final, puedo tomar 10 agonizantes días.

Hemos conocido a algunas hormigas zombies durante algún tiempo, aunque los científicos han tenido problemas para entender de qué manera el hongo parásito, llamado O. unilateralis, lleva a cabo sus tareas.

Usualmente, a este hongo se le conoce como “parásito cerebral”, aunque una nueva investigación publicada en esta semana en los Procedimientos de la Academia Nacional de las Ciencias muestra que los cerebros de estas hormigas zombies son dejados intactos por el parásito, y que el O. unilateralis puede controlar las acciones de su anfitriona infiltrando y rodeando las fibras musculares de su cuerpo.

En efecto, convierte a la hormiga infectada en una versión externa de sí mismo. La hormiga zombie se convierte en parte insecto y parte hongo, ¿correcto?

Para hacer este descubrimiento, el científico que fue el primero en descubrir el hongo, David Hughes de la Universidad Estatal de Pennsylvania, realizó un esfuerzo multidisciplinario que involucró un  equipo internacional de entomólogos, genetistas, científicos en computación y microbiólogos.

El tema del estudio fue ver las interacciones celulares entre el O. unilateralis y la hormiga carpintera, Camponotus castaneus, durante una etapa crítica del ciclo de vida del parásito –esa fase en la que la hormiga se queda debajo de la hoja con sus poderosas mandíbulas.

“Se sabe que el hongo secreta metabolitos de tejido específico y causa cambios en la expresión de los genes de la anfitriona, así como también una atrofia en los músculos de la mandíbula de la hormiga”, comentó el autor Maridel Fredericksen, un candidato al doctorado de la Universidad del Instituto Zoológico Basel en Suiza, a través de un comunicado.

“El comportamiento alterado de la anfitriona es un fenotipo extendido de los genes microbianos del parásito que se expresan a través del cuerpo de su anfitriona. Aunque se desconoce de qué manera el hongo coordina esos efectos para manipular el comportamiento de la hormiga”.

 

Con información de El Diario MX