Aquel Jardín de los Héroes con su memorable Fuente del León, sus bancas y señoriales portales de cantera que lo rodeaban, fueron demolidos y convertido en una “Plancha de Armas” con ene remodelaciones. En los años 60, sus aledaños edificios todavía le daban un sabor provincial y una identidad propia; al norte estaba el majestuoso “Hotel Marik Plaza” que hizo fama más allá de nuestras fronteras, sin embargo, también, fue demolido y sustituido por otro de corte comercial, y del lado oriente se levantaron edificios que desde la Plaza obstruyeron la maravillosa vista de los volcanes que dieron título a la novela “Bajo el Volcán” la más importante de habla inglesa del siglo XX.
Por esa imparable depredación que sucedía en todo el país, en el año de 1972, se emitió la “Ley Federal de Zonas y Monumentos Arqueológicos Históricos y Artísticos” para proteger y conservar lo que quedaba de ese tipo de inmuebles.
Hoy, el Municipio de Cuernavaca tiene registradas 585 construcciones a resguardar, de las cuales, 150 tienen características que van del siglo XVI al siglo XIX como casas, templos, capillas, y el resto son edificios característicos del siglo XX.
En mi condición de investigador de historia y cronista, he sido invitado a participar en la “Red Internacional para la Construcción, la Arquitectura y el Urbanismo Tradicionales” fundada con el patrocinio de actual Rey Carlos III de Inglaterra, red de alcance mundial que en México dirigen, Ale Lebrija Núñez, Nadia Samir Rincón y Flavio Díaz Mirón, apoyados por la “Fundación Príncipe de Gales”, su misión es recuperar y fomentar la identidad arquitectónica y vernácula de edificios, calles y barrios, para también aplicarla en nuevos desarrollos incluyendo populares, y se pensó en Cuernavaca como pionera de este proyecto en el centro del país, tanto por su valor social como material. Ellos ya tienen experiencia en proyectos en desarrollados en España y Países Bajos, y organizaron la primera escuela de verano de ese tema en Mérida e Izamal, con la misión de fomentar este programa entre profesionales de la construcción, académicos y en general, en todo el país.
La red está dedicada a proyectar y crear mejores lugares para vivir en un urbanismo tradicional que se ha perdido. para que en cada edificio y lugar se aprovechen los conocimientos y técnicas tradicionales para defender el derecho de todos a vivir en un lugar digno, resiliente, adaptable que apoye la identidad local, con estilos y materiales de la región de baja huella de carbono, de usos mixtos, de poca densidad, y cercanías con enfoque peatonal, límites claros al crecimiento, con simbiosis con el campo. Los edificios serán bioclimáticos con adaptación al ambiente que les rodea, y los barrios con independencia del automóvil, ahorro en el transporte y bajo impacto de emisiones, con enfoque en la biodiversidad creando y cuidando áreas verdes urbanas que regulen la temperatura con respeto a las funciones y servicios ecológicos, y sobre todo, que den sentimientos de pertenencia, con espacios públicos accesibles para aumentar la seguridad con un urbanismo tradicional más peatonal, que mejore la salud para niños, adultos y personas mayores. planificando e implementando espacios adaptables a los climas cambiantes, a las fluctuaciones económicas y las necesidades sociales, garantizando un futuro seguro y sostenible para las poblaciones urbanas y rurales.
Esta institución tiene ya ejemplos de edificios y centros históricos de Europa, reconstruyendo también fachadas para devolverles su manera tradicional; devolviendo la chispa a lúgubres barrios y pueblos. Este programa comenzó en Poundbury, Inglaterra: pasó a Pontoise en las afueras de París, y Cayala en Guatemala, y a Estados Unidos, donde, edificios sin chiste se han tornado en comunidades con identidad vernácula, mucho mejor que simples viviendas, plazas o áreas comerciales con un estacionamiento.
La invitación a este cronista para participar en este proyecto, es por las experiencias que ha vivido y registrado en la transformación de Cuernavaca y otras poblaciones del Estado, porque ha sido testigo de su desarrollo, de abrir y cerrar calles, de construir avenidas, fraccionamientos y colonias, de tirar casas con valor histórico y arquitectónico y sustituirlas por adefesios, de demoler mercados y abrir nuevos, cerrar grandes hoteles, desaparecer elementos que daban personalidad a la ciudad, por conocer la existencia de la vasta red de túneles bajo la ciudad que se pueden recuperar para el turismo, en fin, porque vivió la ciudad cuando toda se recorría a pie.
La misión será colaborar en la contextualización de la historia urbana, constructiva y arquitectónica de la ciudad y sus costumbres, y participar en coloquios y pláticas, para ayudar a generar contenido con un lado humano y desde una perspectiva personal como residente. Y escribir para la revista de la fundación relatos y vivencias como peatón y automovilista.
Y se ha decidido empezar por Cuernavaca.
