Antes de levantarme, acepto lo que existe. Guardo mis deseos, aún más los prohibidos, y agradezco. No pienso que soy, sino que estoy siendo.
“Mía” me despierta manoteándome para que le abra la puerta del balcón y echarse en actitud vigilante, todo el día está a mi lado, solo irrumpe cuando se le ocurre una cosa u otra, no necesita hablar, se expresa con movimientos y actitudes, si quiere que la lleve a dar una vuelta me trae su correa o se dirige jugueteando a la puerta; si va a la cocina es que quiere comer; o al jardín para que la persiga, yo al centro azuzándola, y ella corriendo y saltando alrededor, ágil, como venado en fuga; se pone contenta cuando menciono sus tres hobbies y ella selecciona uno dando vueltas y sobre sí misma; me muestra algo que trae entre sus colmillos y me reta fijamente a quitárselo; si percibe algo raro, corre al balcón y baja patinando a la puerta que siempre está abierta, si tomo su toalla se esconde donde no la alcance, si alguien se me acerca le gruñe, ya nos entendemos, presiente lo que haré y se adelanta.
Hacer jardinería y cocinar es lo mío, aunque trato de comer sano un pecado semanal no se niega, una paella de cuando en cuando, cuando me insisten los amigos; las gorditas, los tlacoyos y los sopes ya los estoy reemplazando por granola, colágeno y glucosamina. Aunque me siento muy bien, a veces me dicen agárrate bien del barandal, camina con cuidado, no te vayas a resbalar, sin embargo, no lo considero todavía, porque más bien creo me lo dicen por aprecio.
Cuando puedo mejor ayuno; si puedo mejor no hablo, la gente solo entiende lo que quiere entender; y cuando puedo mejor no voy a reuniones solo que sean de cultura, porque ahí me regalo las mejores siestas; veo películas de época para saber cómo era el entorno y la vida de entonces, Casablanca es mi favorita sobre todo la escena cumbre de “Tócala otra vez, Sam”. Canto a toda hora, a todo pulmón y bien entonado, bailo suelto caminando hasta por la calle y aun con lluvia, y no me sale mal, ya quisiera haberlo hecho así en mis mejores tiempos de discoteca.
Que si me arrepiento de algo, me han preguntado; solo de lo que no hice y pude haber hecho.
Cuando una idea llega, hay que pescarla al momento, y al momento, dejo de hacer lo que estoy haciendo y me levanto de donde esté para ir a la computadora, otras veces la dejo prendida cuando las ideas están fluyendo.
Los comentarios sobre mis trabajos me estimulan a seguir escribiendo de crónicas e historias; de vez en cuando un trozo de chocolate para incitar las endorfinas y la actividad cerebral, o relajarme escuchando música clásica y ópera porque dan alas a la mente y vuelos a la imaginación, o desde las románticas que traen recuerdos, hasta las gruperas que alborotan. Me place ir al centro a dar “la vuelta al jardín” como se hacía los domingos en Cuernavaca desde la romántica época porfirista hasta los años sesenta, a saludar, a recorrer sus calles, sus edificios, sus iglesias, su historia, a los acorazados, y al mercado, porque el mercado es un espectáculo de sabores y colores, de naturalezas muertas, de cuadros en movimiento. A mi amigo de apellido Moreno, y también de piel, le gusta ir al mercado para que le digan “güerito”.
No me comparo con nadie, no soy de poses, como quienes cuando son invitados a una comida hasta le ganan el lugar central al festejado para luego decir que el anfitrión los sentó en su mesa y el cumpleañero tiene que sentarse por donde puede; o cuando van a un evento, se apoltronan en primera fila y al centro para sentirse y los vean importantes, como lo hace mi prima y su amiga y sin vergüenza de que los corran de lugar; yo lo hago solo cuando me lo indican.
No es un orgullo, ni me interesa, estar bien adaptado a una sociedad enferma que se nutre de chismes, pero se desnutre con odios y envidias, donde el sentido común ya no es común, donde lo falso es para estar a tono.
Tengo amigos, y amigas de toda la vida, a veces tenemos diferencias, pero la estima sigue, como dice Serrat;
Todo pasa y todo queda
pero lo nuestro es pasar
pasar haciendo caminos
caminos sobre la mar
Nunca perseguí la gloria,
caminante, no hay camino
se hace camino al andar
al andar se hace camino
y al volver la vista atrás
se ve la senda que nunca
se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
sino estelas en la mar...
Cuando el jilguero no puede cantar
cuando el poeta es un peregrino
cuando de nada nos sirve rezar.
“Caminante no hay camino
Se hace camino al andar...”
Algunas personas, me han ocasionado dificultades, quizá porque se sintieron ignoradas, sin embargo, sigo pensando que las mujeres son lo más hermoso que puede existir, hay magia en ellas, pero ya ni decirles un piropo porque estás fuera de la ley.
Entre esto y aquello, la vida me ha sido generosa; de acumular, ya me curé, no entro a la política, aunque me lo han propuesto. Aprendí que tener no da ni compra felicidad, como dice otra canción, “No es la vida, es tan solo vanidad”.
Autor Carlos Lavín Figueroa
¡Hasta la próxima!
Por: Carlos Lavín Figueroa / carlos_lavin_mx@yahoo.com.mx
