El “Puente Mirador de Cristal” que hemos venido proponiendo desde hace más de 12 años para el Salto de San Antón, es un anteproyecto -entre otrosque realicé cuando fui Director de Proyectos Turísticos del Ayuntamiento de Cuernavaca. Mismo que, desde entonces, aprovechando las instalaciones actuales, propuse ubicarlo a media altura de esa barranca y a ochenta metros frente a la cascada, al que se podrá acceder por la actual escalinata para conectar al pasillo del lado opuesto. Desde este “puente mirador”, se podrá mejor admirar todo el panorama con los cinco atractivos que ahí se podrán apreciar. De esta manera se evita pasar bajo los prismas donde ha habido desprendimiento de materiales, evitando también la cercanía con la caída de agua.
El Salto de San Antón es un excepcional atractivo turístico natural dentro de la ciudad que no se ha aprovechado en forma integral, que los propios oriundos en su mayoría no conocen, está cerrado al público desde el temblor de 2017 por posibles riesgos que bien pueden evitarse con este puente mirador que evadirá pasar bajo esos bloques de piedra, y que además sumaría un atractivo adicional.
Adicionándole ese atractivo, El Salto, será de más interés para el turismo local y foráneo, que al mismo tiempo aportará una solución para reabrirlo y poder admirar la cascada de frente dando la sensación de estar o caminar en el aire.
Al lugar, se suma el espectáculo que dan las nubes de parvadas de vencejos que por las mañanas salen al mismo tiempo de sus nidos en vertiginoso torbellino desde las paredes del acantilado, y por las tardes regresan siempre puntuales de igual manera al momento de la puesta del Sol, espectáculo que se aprecia a unos metros y al mismo nivel donde se ubica el espectador. Los vencejos de cascada se caracterizan por su rápido movimiento y su capacidad de volar sin poder posarse nunca en el suelo, si llegan a caer no pueden levantar el vuelo por sí mismos, solo pueden posarse colgados de sus patas como los murciélagos, pero agarrados cabezas arriba en las paredes rocosas de la barranca y tras de la cortina de agua. Anida en los huecos de las rocas. Pasa casi toda su vida en el aire, se aparea, se alimenta, y toma agua en pleno vuelo atravesando la cascada.
Sitio donde también se puede apreciar la frescura que impera dentro de un abanico de barrancas que dan su famoso clima a Cuernavaca.
Al lugar se le añaden los raros “prismas basálticos colgantes” son largas formaciones pétreas como una especie de columnas apiladas naturales que tienen su origen por el escurrimiento de lava líquida que fluyó de los extintos volcanes del Ajusco, cuando esos volcanes estaban en erupción. Este lecho volcánico entre dos lomas se llenó de lava formando un lago incandescente, que al momento de enfriarse de manera repentina con la corriente de agua fría que todavía baja del Ajusco, la roca aun caliente se craqueó formándose los prismas de hasta cuarenta metros de altura. Después el agua que corría por esa cuenca encontró salida al lado poniente de esa formación pétrea, y por donde fue socavando el terreno más blando, erosionando hasta tal profundidad que la convirtió en una barranca muy profunda y estrecha con paredes acantiladas con un gran salto de agua. El agua erosionó tan profundo que excavó por debajo de los prismas provocando que algunos se derrumbaran como se puede apreciar, dejando la parte superior colgada. Así se formaron los prismas colgantes en esta barranca. Se suma la experiencia de estar en un mundo aparte, en medio de una profunda barranca entre flora y fauna.
El Salto de San Antón, además de esos tractivos tangibles, tiene otro intangible, su leyenda prehispánica, dice que una doncella esperaba a su prometido que se había marchado a la batalla y que jamás volvió. Esto provocó que cayera en depresión y muriera llorando. Entre los habitantes de San Antón se cuenta que la cabellera de la joven siguió creciendo aún después de morir. Esto dejó impactados a todos los pobladores, pues simbolizaba un presagio. Se dice que cuando los dioses se percataron del sufrimiento de la doncella, se conmovieron ante su dolor y la forma en que murió esperando a su fiel prometido. En un acto de compasión, los dioses decidieron convertirla en una majestuosa cascada. La caída de agua representa su larga y hermosa cabellera, que sigue fluyendo a pesar del paso del tiempo y su muerte. Además, el joven amado que perdió la vida en la batalla, es transformado en el río sobre el cual cae la cascada, de esta forma, ambos podrían estar unidos para toda la eternidad y fundir sus almas en una sola.
Sin duda un sitio de leyenda, de tradición histórica y natural, son cinco atractivos en el mismo lugar que está sin explotar, que sumará a otra actividad turística dentro de la ciudad.
*Carlos Lavin Figueroa investigador de historia y cronista de la ciudad.
¡Hasta la próxima!
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