Siempre había sido un enigma el significado de “El Olindo”, durante un largo tiempo se creyó que era una distorsión de “El Olvido” y así se le llamó a esta finca que se ubica en el pueblo de Acapantzingo  hoy conurbado a Cuernavaca. Se ha dicho que el nombre viene del personaje “Olindo” de Torcuato Tasso en su obra Jerusalén Liberada quien se enamoró y culpó para salvar a Safronia, pero no existe ninguna relación al respecto. “El Olindo” tampoco era refugio para los amoríos del emperador Maximiliano con la India Bonita, este personaje y supuesto amor no dejan de ser una hermosa leyenda que tomó fuerza de un cuadro de Salvador Tarazona, donde se representa al emperador a caballo siendo observado por una bella indígena, inspirado en la batea de madera del restaurante “La India Bonita” cuando en 1947 Tarazona comía en ese lugar que estaba en la calle de Guerrero cuando pintaba varios cuadros de Maximiliano en el Jardín Borda. Este chalet tiene una historia que estuvo oculta.

En el año 2003, después de encontrarnos en una boda en Lima, persuadido por mi primo Ángel Camino Lavín con el pretexto del Carnaval, viajamos a Rio de Janeiro donde reside, y en una tertulia con amigos cariocas, me entero de la existencia de la ciudad de” Olinda” y de facto la relaciono con “Olindo” de Acapantzingo y con el diario brasileño O-Globo, y deduzco que esta Olindo, es una palabra portuguesa compuesta.

Con ese dato, investigo que en 1852 Maximiliano, soltero de 22 años viajaba en un buque que hizo parada en Portugal donde se reencontró con su prima la princesa Amelia de Brasil y Portugal, a quien había dejado de ver desde niña, se enamoró profundamente, y se comprometió a casarse con ella, en su diario personal la describe, como “una princesa distinguida, cumplida cómo no se ven muchas”. Meses después, en febrero de 1853, ella moriría de tuberculosis en Funchal, capital de la portuguesa isla de Madeira donde fue a recuperarse, sin haber anunciado su compromiso. Casi 130 años después, en 1982, el cuerpo de María Amelia fue trasladado a Brasil y fue definitivamente sepultado en la cripta del Convento de San Antonio de Rio de Janeiro junto con otros miembros de la familia imperial brasileño-portuguesa.  

Para distraerlo de su pena, el archiduque Maximiliano fue nombrado por su hermano el emperador, comandante de la Marina de Guerra Imperial y Real de Austria-Hungría, fue así como en su Fragata Imperial “Isabel”, viajó a Brasil, -entonces única monarquía independiente de América- a visitar los lugares que Amelia frecuentaba, donde estuvo con el emperador Pedro II que pudo ser su cuñado, ahí, fue testigo  de la prosperidad del inmenso Imperio Brasileño. 

Esa pérdida pesaría a Maximiliano toda su vida, prueba de ello es un anillo que llevaba el emperador antes de ser  fusilado en Querétaro en 1867, anillo, que días antes de ser ejecutado envió a su madre y le escribe: “…un amigo le llevará, querida mamá, junto con estas líneas, el anillo que usé diariamente, con un rizo del cabello de la bienaventurada Amelia de Braganza, como recuerdo para usted”.

En julio de 1857 a sus 25 años Maximiliano se casa por intereses familiares al convencer su hermano, el emperador Francisco José de Austria, rey de Hungría y de Bohemia, al padre de Carlota, Leopoldo I de Bélgica entonces el rey más rico de Europa; el matrimonio con un Habsburgo aún sin ser emperador o rey pero de la casa reinante más prestigiosa de Europa convenció a Leopoldo quien se oponía a ello, no aceptaba que su única hija mujer se casara con un archiduque sin herencia ni estado, él pedía si no un emperador, por lo menos un rey, pero presionó a Francisco José para que le otorgara a su hermano el título de virrey del Reino Lombardo-Véneto, hasta entonces en dominación austriaca, aun así, el suegro seguía sin conformarse con el bajo estatus de su amada hija. Esas relaciones matrimoniales nunca fueron buenas, Maximiliano se apartó de Carlota desde el principio, su amor fue siempre Amelia de Portugal.

En 1859, ya casado con Carlota, visitó la isla de Madeira donde su amada Amelia pasó sus últimos meses de vida, y escribió en su diario; “María Amelia era una linda criatura perfecta que dejó este mundo ingrato, como un ángel puro de luz, para volver al cielo, su verdadera patria”. 

Habiendo sido testigo de la prosperidad del Imperio Brasileño, más las presiones de su suegro que exigía un mejor estatus para su hija, y convencido por Carlota, Maximiliano, aceptaría ser emperador de México.

Estos hechos, me llevaron a la conclusión de que por su recordada Amelia de Portugal, fue así como el emperador tomó ese nombre del idioma portugués, para esta casa de Acapantzingo, “O lindo”, que traducido al español significa precisa y literalmente “la hermosa” o “la linda”, como se refería Maximiliano a Amelia, que como nombre propio se fusiona en una sola palabra, por lo que está de sobra el artículo “el”.  

Aquí reproduzco un fragmento de la carta de Carlota a la Emperatriz Eugenia, Cuernavaca 16 de mayo de 1866;

“Desde hace quince días estoy en Cuernavaca, sitio encantador que une al atractivo de los trópicos, un calor que hace bien y del que nos habíamos visto privados desde hace mucho tiempo en nuestra residencia del altiplano. Al emperador, que vino a reunirse conmigo, le agrada mucho Cuernavaca porque aquí puede trabajar más tranquilamente. Para él, es el Plombiéres o Biarritz. Hay que construir en el pueblo de Acapatzingo un pequeño “chalet” al que dará el nombre de “Olindo” -no “El” Olindo- que está rodeado por espesos bosquecillos de laureles, de naranjos y de plátanos distribuidos por la naturaleza con graciosa profusión”.

El imperio de Maximiliano fue efímero, nunca llegó a ver terminada esa casa. 

P.D. Hasta el otro sábado

Por: Carlos Lavín Figueroa / carlos_lavin_mx@yahoo.com.mx


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