Si el pretexto para no participar es porque “no me gusta la política” pues entonces apliquemos la ética, porque el silencio de quienes no opinan o solo lo hacen en secreto entre sus afines es aterrador y no logra nada ante el activismo fanático, así, Obrador podrá ganar la Revocación de Mandato, poner a un similar sucesor, gobernadores y alcaldes que sigan sus “políticas”. Todo por la falta de ética y de compromiso ciudadano de esa misma mayoría que por no hablar por no votar lo sentaron en el poder del que ha hecho una dictadura.
Si la ética tampoco gusta, y sin preferencias ni de derecha ni de izquierda, pues entonces mejor vámonos por el sentido común que es la capacidad para juzgar razonablemente las situaciones y decidir con acierto algo que es lógico, que cuando menos, en condiciones de tragedia hay que aplicarlo. Veamos que países son más justos, si los socialistas Venezuela, Cuba, Corea del Norte, o los liberales Suiza, Irlanda y Canadá; donde es que hay más seguridad para el ciudadano, para invertir, para emplearse, para progresar sin que se les ataque y tache de aspiracionistas y conservadores; donde, la gente se alimenta mejor, donde es mejor el sistema de salud pública o donde hay criminal desabasto de medicamentos; criminal despilfarro en mega inútiles obras haciendo tanta falta recursos para tantas necesidades; donde la justicia es más justa o donde se usa contra los opositores, donde hay excelentes servicios públicos. Hay países a donde la gente quiere llegar a toda costa, y otros de donde huyen a toda costa por la costa, o a pie miles de kilómetros con penurias, humillaciones, niños en brazos y riesgo de morir, como este jueves pasado, cincuenta y cuatro migrantes muertos y el doble de heridos que aun graves huían para no ser apresados, iban dentro de la endeble caja de un tráiler que volcó, habían pasado “desapercibidos” por tres puestos de control de migración y varios retenes de guardias nacionales, policías federales, locales y municipales pero “ya no hay corrupción”. Y esto, no es tanto-tanto un tema de política-política ni de derecha ni de izquierda, es un asunto de sentido común.
A muchos no les ocupa a donde se lleva al país porque piensan que para que México sea una Venezuela “falta mucho”; entonces; si la ética; la lógica y el sentido común -que ya no son comunes- no se entienden, entonces habrá que pensar sin personalismos que país dejaran a sus hijos y nietos, que con idénticas políticas, omisiones, imposiciones, discursos populistas, mentiras, cambios a la Constitución y decretazos como en aquellos antes prósperos países del sur, a México le espera lo mismo, aunque estemos pegados a los Estados Unidos.
Van tres años y Obrador pierde popularidad y para ocultarlo en su informe hay aplausos y porras pero grabadas y emitidas por megafonía, nadie aplaudía, nadie echaba porras, miles de autobuses de acarreados de torta, frutsi, dulce y billete de a 500, y ahí mismo dice que llegaron por su propia cuenta. Más y más mentiras, y el que las dice se obliga a decir otras para sostener la anterior y así es como se han hecho cadenas de mentiras, algo indigno de la institución presidencial. Como cuando viajo a Nueva York, asomado a una ventana para “saludar a una muchedumbre de sus seguidores” agitando manos, enviando abrazos, tocándose el corazón durante minutos, y en ese mismo video se vió que no había público, solo 7 reporteros que el mismo llevó, esta, fue una noticia viral alrededor del mundo y motivo de carcajadas y burlas de los comentaristas televisivos. Frente a otros datos está la realidad incómoda que se impone y que se evade con mítines triunfalistas, narrativas deshonestas, con reporteros actores con preguntas a modo. Y mientras; en Morelos, Obrador consiente la minera de Temixco y obvio, el Cuauh la apoya, que aparte de contaminación traerá -como en las similares de Guerrero- más delincuencia organizada, drogas, extorciones, secuestros, violencia, muerte, y más cobro de piso… al tiempo.
México no era perfecto pero hoy no somos un país próspero, ni más seguro, ni más equitativo, es un país más violento y desigual, donde se degrada la disfuncional democracia que se heredó a base de decretazos inconstitucionales con estafadores argumentos de “seguridad nacional” que “legalizan” opacidad, adjudicaciones directas y a empresas fantasmas en una desenfrenada militarización.
No ha terminado la corrupción, ya está legalizada, aparte del encarcelamiento de un par de personajes; una por cuestiones personales y otro por ineludible, ahora se ha embarrado hasta el ejército. Miente al decir que primero los pobres, cuando con todo y los programas sociales, la inflación -más alta que en los últimos tres sexenios- y los recortes por ejemplo en salud han afectado más y de manera brutal a los más pobres y a los ricos los hace más ricos. Por cada dicho presidencial hay datos que lo contradicen. Frente a cada arrebato de “lo logrado” hay una realidad que lo exhibe, como el feminista atacando a las feministas; el campeón de los pobres multiplicando sus filas; el humanista ignorando a las víctimas de la violencia; el protector de la población minimizando la pandemia y sus 400 mil muertos; el demócrata dirigiendo su orquesta para aprobar a mano alzada como su sucesora a su incondicional Sheinbaum; el promotor de la paz ignorando la guerra de pueblos contra cárteles y la delincuencia en las calles.
¡Hasta la próxima!
Por: Carlos Lavín Figueroa / carlos_lavin_mx@yahoo.com.mx
