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Emiliano Zapata fue el hombre que se atrevió a rebelarse para defender a los campesinos contra el gobierno de Porfirio Díaz a favor de Madero, y después contra Madero; luego contra Victoriano Huerta; y finalmente Carranza, y es el héroe más puro que produjo la Revolución Mexicana, era un hombre ignorante que escribía y leía a duras penas, sin embargo, supo interpretar los deseos de un pueblo que había sufrido penurias. Zapata apenas vivía de su trabajo en el campo, sin embargo, consiguió aterrorizar y humillar a los poderosos propietarios de extensas tierras enfrentándolos, a tal grado que el 17 de junio de 1914 -hoy hace 109 añosHuerta decretó al Estado de Morelos territorio federal para poder combatirlo, finalmente Carranza ordenó matarlo a traición, y solo así, se logró vencer al guerrillero de claros ideales. Fue calificado por sus adversarios como el “Atila de sur” rememorando al sanguinario Atila rey de los unos; y para sus partidarios “El Caudillo del Sur” apóstol del indígena.

Las tierras del Estado de Morelos, ricas en cultivos, especialmente de caña de azúcar, habían ido pasando poco a poco a un dominio que en nada se distinguía del dominio feudal a unas cuantas familias de hacendados que poseían todas las tierras cultivables de importancia que gracias a artificios legaloide habían conseguido despojar a los indígenas de sus tierras que los colonizadores españoles habían respetado siempre como las “tierras de indios” amparadas en documentos de propiedad que la corona española les había otorgado. La situación de los peones y trabajadores era trágica, lo que hacía imposible una vida digna y de progreso, los campesinos querían sembrar y fueron patéticas las expresiones como “Si quieren sembrar que siembren en maceta”, y se convirtieron en pequeños ganaderos de dos o tres vacas, pero los hacendados cercaron las tierras y sus animales no podían pasar a tomar agua.

Zapata, hijo de una muy humilde familia campesina, no era un simple peón asalariado, era un campesino “mediero” que trabajaba “a medias” con el propietario de las tierras que cultivaba, dándole fiados insumos para sembrar, frijol y maíz para alimentarse, y finalmente la mitad de la cosecha.

Ya desde su adolescencia, Zapata, robusto, bien parecido, de mediana estatura, de intensa mirada, cejas pobladas y largos bigotes, se había convertido en ídolo de su pueblo, era ya, ante todo y ante todos un gran jinete, cuya proezas a caballo eran difíciles de imitar, y más que nada, porque en 1908 se había atrevido a oponerse a los designios del terrateniente de su pueblo, que pretextando la falta de títulos de propiedad de las tierras que los indígenas sembraban y que habían sido trabajadas por sus ancestros durante siglos, entonces las ocupó. Fue cuando Zapata, organizó una rebelión que fue sofocada rápidamente por las tropas del gobierno. Por meses anduvo a salto de mata por las montañas, y cuando todo parecía olvidado, y el terrateniente satisfecho con su victoria estaba dispuesto a perdonar, Zapata regresó al pueblo.

El jefe político de Yautepec, viendo que Zapata era peligroso, decidió desembarazarse de él por lo menos un tiempo y lo incluyó en las listas de reclutamiento, y arbitrariamente fue enrolado como “voluntario” del ejército, donde los atropellos eran tan numerosos e imposibles de combatir que juró vengarse.

Viendo que Zapata era de carácter enérgico e independiente, el hacendado Ignacio de la Torre y Mier, yerno del presidente Porfirio Díaz, lo liberó de la milicia y le hizo una oferta, según contaba el mismo Zapata, la oferta era ponerlo al frente de sus importantes caballerizas en Ciudad de México, donde se impresionó de tanto lujo de los magníficos establos de mosaicos y mármoles, que al recordar las miserables chozas de su pueblo, los harapos y el hambre comprendió que “había en México algo podrido” y que había algo que hacer. Su carácter rebelde no tardó en enemistarlo con sus superiores y autoridades citadinas.

Se acercaban las elecciones presidenciales de 1910, y a pesar de todas las precauciones tomadas por los políticos de Don Porfirio y las presiones de los caciques, ganó Madero, pero el gobierno porfirista desconoció los resultados, y Madero se vio obligado a huir a Estados Unidos donde organizaba a los rebeldes de hambre. Fue así como en diciembre de ese año, Pablo Torres Burgos, aliado con Zapata, se trasladó a San Antonio Texas para entrevistarse con Madero y discutir los medios de cooperar con él para derribar al gobierno de

Díaz por medio de Plan de San Luis, plan, que únicamente sirvió para “ensillar” a Madero en la presidencia olvidando sus promesas de campaña. El 7 de febrero de 1911, antes de que Torres Burgos, regresara a comunicar de sus gestiones, se sublevó su aliado Gabriel Tepepa y con su gente atacó Tlaquiltenango y entró a Jojutla cometiendo abusos. Por ello, Torres Burgos renunció al mando y en marzo fue asesinado. A fin de ese mes, Zapata asume la dirección del movimiento y controlando gran parte de del campo y las montañas de Morelos

Con aquella primera rebelión, se gestó la Revolución en Morelos abanderada por el zapatista Plan de Ayala al que se sumaron todos los jefes revolucionarios, de ahí la importancia de este Plan.

Video; entrada triunfal a la Ciudad de México, 6 de diciembre de 1914

https://twitter.com/ Cuauhtemoc_1521/status/ 1668432814692356096 ¡Hasta la próxima!

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Sobre el autor

Carlos Lavín Figueroa
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