Hace unos días, falleció un personaje muy estimado en la vida política y social de Morelos, de vida ejemplar, nativo de Yautepec, cuernavacense por adopción, recién homenajeado por el Ayuntamiento de Cuernavaca, Don Jesús –Don ChuchoDíaz Bastamente, ciudadano ejemplar, paradigma de político, en dos ocasiones diputado, compositor, autor de hermosas canciones que denotan el amor a su tierra, como el “Corrido del General Zapata” difundido en los años sesenta en España y toda América, y el “Corrido Morelense”, ambos grabados por famosos; otras como la cumbia “Cuernavaca”; la deleitosa “Vámonos a Cuernavaca”, la romántica “Embrujo de Cuernavaca” y para enamorar “Serenata Morelense”, interpretadas unas, por el trío Los Panchitos; otras por la Rondalla Bugambilia integrada por los tríos de esa época, y la memorable Estudiantina Minerva.
Me contaba Don Jesús, que por los años sesenta fue a las oficinas de la Sociedad de Actores y Compositores de Música en Ciudad de México con el propósito de registrar sus canciones, y como en Morelos no había delegado de esa asociación, lo invitaron a ocupar tal puesto, solo le dieron una máquina de escribir que trajo cargando, por sus logros, lo harían también delegado de la Asociación Nacional de Actores. Su obra se encuentra en El Cancionero Popular Mexicano editado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, y aparece en el libro de tercer grado de Educación Secundaria.
Muy frecuentemente nos reuníamos a tomar café en La Universal, nuestras pláticas fueron interminables, ahí me señalaba el lugar -del lado del entonces Marik Plaza- donde se sentaba Don Alfonso Reyes, el ya famoso poeta y escritor, donde escribió “A Cuernavaca voy dulce retiro…” y que en alguna ocasión lo invitó a su mesa ya que ambos frecuentaban el lugar. Recordé que en ese tradicional lugar había yo platicado en varias ocasiones con Gabriel García Márquez, donde habitualmente éramos vecinos en las mesas centrales, personaje que caminaba la Plaza de Armas como cualquier vecino, donde también nos saludábamos.
Veíamos el nuevo panorama de la Plaza de Armas, que antes fue jardín, mercado y en sus orígenes el tianguis indígena lugar de vendimia, de socializar, de espectáculos de acrobacia; que ahora, se aprecia desde el Jardín Juárez el del Kiosco, hasta el Morelotes y la Plaza Pacheco, la primera plaza de armas de la ciudad, frente a la gran casona del conquistador que en la época colonial fue sede del Marquesado del Valle, periodo destacado en la historia de nuestro terruño y nuestra nación, que muchos quisieran que sea ignorado e incluso borrado. Fue así como empezamos a hablar de los primigenios nombres de las plazas y calles de la ciudad desde la época virreinal, que en la independiente se cambiaron por decreto, y de las nuevas del siglo XX, así llegamos al origen de los nombres de la Calzada de Los Actores y Calzada de Los Compositores.
Siendo delegado de esas dos asociaciones, don Jesús solicitó al presidente municipal Felipe Rivera Crespo se diera el nombre a dos vías públicas de la ciudad para dignificar a los actores y compositores nacionales. Fue así que, por su iniciativa, el 21 de septiembre del año ’67, el cabildo autorizó los nombres para esas dos calles, habiéndose tomado en cuenta la calidad artística de los actores y compositores que dieron celebridad a México y a Cuernavaca donde tenían sus casas de descanso. Se escogió la entonces Avenida Atzingo que serpentea entre la barranca del mismo nombre y la del Tecolote que le dan una excepcional frescura, además de su belleza y tranquilidad paradisiacas para dar los nombres de Calzada de los Actores al sur del monumento a Manuel Ávila Camacho, y Calzada de los Compositores hacia el norte.
En esos días, “El Morelense” -semanario de don Juanito Zárate- publicó que a develar la placa asistieron el Secretario General Fausto Galván Campos en representación del gobernador Emilio Riva Palacio, el alcalde Felipe Rivera Crespo, el senador Diódoro Rivera Uribe, los regidores Ramón Hernández Navarro, Carlos Iturbe y Crisóforo Ocampo y desde luego el promotor de este acto don Jesús Díaz Bustamante. La ceremonia de inauguración fue un
28 de octubre de aquel año a la una de la tarde en la rotonda al General Ávila Camacho. Asistieron destacados compositores mexicanos como Ignacio
Martínez Esperón “Tata Nacho” entonces Presidente de la Sociedad de Autores y Compositores, el diputado y escritor Francisco Javier Arenas -gran amigo de mi padre- representando al Congreso estatal, además de artistas de la talla de Don Andrés Soler, hombres que ya habían dado prestigio internacional a nuestro país a través del cine y de la música en aquella añorada Época del Cine de Oro Mexicano con destacados directores como el hispano-mexicano Luis Buñuel ganador del Oscar, y el cinefotógrafo Gabriel Figueroa nominado para ese premio.
Así surge el nombre de estas dos muy cuernavacenses calzadas, por iniciativa de don Jesús Díaz Bustamante.
La última cita quedó pendiente.
Sentidas condolencias a sus hijos y a su familia.
-Amables lectores y lectoras; este próximo sábado 4 de mayo a las 11 horas en el Museo de la Ciudad, presentaré mi libro “Antología del Plan de Ayala Historia de una Rebelión”, espero ahí saludarlos y saludarlas.
P.D. Hasta la próxima
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