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Hoy es ofi­cial. Ya trans­cu­rrió un ter­cio del gobierno de la doc­tora Clau­dia Shein­baum y aún no sabe­mos cuál será su legado. Asfi­xiada por la som­bra gigan­tesca de su ante­ce­sor Andrés Manuel López Obra­dor y arrin­co­nada por la tor­tura polí­tica per­ma­nente a la que la tiene some­tido su homó­logo Donald Trump, la pre­si­denta no ha mos­trado mar­gen de manio­bra.

Para bien o para mal, a los dos años de gobierno de otros pre­si­den­tes ya sabía­mos el legado, el rumbo. López Obra­dor ya había imple­men­tado su apuesta masiva por los pro­gra­mas socia­les y avan­zaba la cons­truc­ción de sus obras emble­má­ti­cas (el AIFA, el Tren Maya, etc.). Peña Nieto ya había logrado la apro­ba­ción de 13 refor­mas cons­ti­tu­cio­na­les en el Pacto Por México. Felipe Cal­de­rón ya había empren­dido con todo ahínco la gue­rra con­tra el cri­men orga­ni­zado. Nos puede gus­tar o no el derro­tero que toma­ron esas deci­sio­nes, pero a los dos años, esos pre­si­den­tes ya habían tra­zado su legado.

¿Cómo será recor­dada la pre­si­denta Shein­baum en la His­to­ria? Como la pri­mera mujer pre­si­denta. Sí. La que rom­pió ese techo de cris­tal. ¿Pero qué hizo como pre­si­denta? Han pasado dos años, ya trans­cu­rrió una ter­cera parte de su man­dato, y esa pre­gunta sigue sin res­puesta.

El “segundo piso de la trans­for­ma­ción” es un slo­gan de cam­paña y es una apuesta por la con­ti­nui­dad en el ejer­ci­cio del poder. El pri­mer piso lo dejó cons­truido López Obra­dor. Shein­baum lo ha man­te­nido intacto y con­cluyó los deta­lles que fal­ta­ban. ¿Pero cuál es el segundo piso? ¿En qué con­siste? ¿En sola­mente ser el techo del pri­mero? ¿Qué hay en ese segundo piso? Por­que una cosa es no tener ter­mi­nado el legado y otra muy dis­tinta es no alcan­zar a dis­tin­guir toda­vía qué pre­tende here­dar.

En un ini­cio, pare­cía que se encar­ga­ría de corre­gir las ano­ma­lías del pri­mer piso. No fue así del todo. Si bien dio un giro de 180 gra­dos a la polí­tica de segu­ri­dad y ente­rró el “abra­zos no bala­zos”, man­tuvo el atro­pe­llo de la reforma judi­cial y lo que le ha mati­zado hasta ahora no revierte ni cer­ca­na­mente el daño. Arrumbó la mega far­ma­cia y prio­rizó el aero­puerto Benito Juá­rez sobre el AIFA, pero sigue com­prando avio­nes para la fra­ca­sada Mexi­cana y sigue de tapa­dera de todos los escán­da­los de corrup­ción. Y así me puedo seguir. Hay seña­les errá­ti­cas. Acata en todo lo que le dicta Esta­dos Uni­dos (polí­tica de segu­ri­dad, enviar cien capos, cerrar la fron­tera, rom­per comer­cial­mente con China), pero no les entrega a Rocha Moya y le da trato de tesoro nacio­nal.

Esto nos lleva a una con­clu­sión:

A dos años, la doc­tora Shein­baum no ha logrado des­ci­frar el acer­tijo de su pre­si­den­cia: con­ser­var el capi­tal polí­tico de su ante­ce­sor (que hizo posi­ble su lle­gada a Pala­cio Nacio­nal) mien­tras cons­truye una iden­ti­dad pro­pia.

SACIAMORBOS

El ras­treo de las auto­ri­da­des finan­cie­ras nacio­na­les e inter­na­cio­na­les sobre las cuen­tas de Jorge Amíl­car Olán Apa­ri­cio, el ope­ra­dor finan­ciero de Andy y Bobby López Bel­trán, arroja un dato sin­gu­lar: depó­si­tos hace más de cinco años por más de 2 millo­nes de pesos a una dipu­tada fede­ral que actual­mente está en el Con­greso. Como las trans­fe­ren­cias de dinero se hicie­ron a tra­vés de che­ques, saben el monto exacto: 2 millo­nes 403 mil 111 pesos con 99 cen­ta­vos.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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Sobre el autor

Carlos Loret de Mola
Carlos Loret de Mola
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