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Historias de Reportero: Ulises Lara y la renuncia por 1 millón de dólares

Carlos Loret de Mola

La fis­cal Gene­ral de la Repú­blica, Ernes­tina Godoy, se pre­sentó con lágri­mas en los ojos ante su jefa, la pre­si­denta Clau­dia Shein­baum.

Lle­vaba bajo el brazo una ver­güenza, una con­fe­sión: habían des­cu­bierto a su pro­te­gido, Uli­ses Lara, en un acto de corrup­ción por el equi­va­lente a un millón de dóla­res.

Para la fis­cal Ernes­tina Godoy era un golpe polí­tico y un golpe per­so­nal. Ella había inver­tido mucho de su capi­tal polí­tico en Uli­ses Lara, para dotarlo de los mejo­res car­gos y opor­tu­ni­da­des a pesar de su pau­pé­rrimo his­to­rial. Era su dis­cí­pulo favo­rito.

Cuando a ella la ascen­die­ron a titu­lar de Fis­ca­lía Gene­ral de Jus­ti­cia de la Ciu­dad de México, nom­bró a Uli­ses Lara su vocero, un cargo con enorme visi­bi­li­dad. Cuando ella renun­ció a su cargo de fis­cal local para irse de can­di­data de Morena al Senado, se enlodó por él para dejarlo como su sus­ti­tuto: para cubrir los trá­mi­tes, a Uli­ses Lara le die­ron el título de Licen­ciado en Dere­cho en 24 horas en una uni­ver­si­dad “patito”, en lo que cons­ti­tuyó un des­caro que lo marcó para siem­pre. Cuando la pre­si­denta Shein­baum des­ti­tuyó al fis­cal Ale­jan­dro Gertz Manero para poner en su lugar una ficha 100% suya, eli­gió a Ernes­tina Godoy para enca­be­zar la Fis­ca­lía Gene­ral de la Repú­blica. Ella de inme­diato le dio a Uli­ses Lara un cargo de pri­mera impor­tan­cia. Lo nom­bró al frente de la Fis­ca­lía Espe­cial en Inves­ti­ga­ción de Asun­tos Rele­van­tes, con fun­cio­nes tam­bién de vocero.

Duró medio año en el puesto. El 16 de julio pasado, sin que mediara mayor expli­ca­ción, se informó de manera muy sucinta que Uli­ses Lara renun­ciaba a la FGR por “moti­vos estric­ta­mente per­so­na­les”. Así lo expli­ca­ron tanto Lara en sus redes socia­les como la FGR en su comu­ni­ca­ción con perio­dis­tas. No tras­cen­dió mayor cosa. Pero la renun­cia era muy rara, tra­tán­dose del pro­te­gido de la fis­cal Ernes­tina Godoy y ade­más de un hom­bre que per­te­ne­ció a la rea­leza de la izquierda mexi­cana: estuvo casado con Lenia Batres, hoy minis­tra de la Suprema Corte de Jus­ti­cia de la Nación, e inte­grante de una de las fami­lias pri­vi­le­gia­das del obra­do­rato.

Así que cuando llegó entre lágri­mas la fis­cal Ernes­tina Godoy con su jefa, la pre­si­denta

Shein­baum, y le explicó lo del millón de dóla­res de Uli­ses Lara, fue un duro golpe, doble golpe, polí­tico y per­so­nal. Las dos, pre­si­denta y fis­cal, toma­ron la deci­sión difí­cil. Lo des­pi­die­ron... pero le ten­die­ron un puente de plata: la posi­bi­li­dad de tapar el escán­dalo bajo una renun­cia con el vago “moti­vos estric­ta­mente per­so­na­les” y que no exis­tiera una inves­ti­ga­ción que lo per­si­guiera por este asunto. Es más de lo que nor­mal­mente hace el régi­men con sus corrup­tos, que ade­más de no inves­ti­gar­los, los deja en el cargo.

Uli­ses Lara se diluyó en silen­cio, tra­tando de no hacer olas, inten­tando no atraer la aten­ción. Casi nadie supo por­qué se dio su salida, excepto algu­nas fuen­tes de pri­mer nivel en Pala­cio Nacio­nal que ates­ti­gua­ron estos hechos y com­par­tie­ron con­migo la infor­ma­ción.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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Carlos Loret de Mola
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