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La pre­si­denta de México tiene hasta el otoño del 2027 para desac­ti­var la bomba de tiempo eco­nó­mica que ensam­bla­ron ella y su ante­ce­sor. Ya se lo advir­tie­ron las cali­fi­ca­do­ras.

No ha fun­cio­nado el intento de escon­der con saliva y datos ais­la­dos la asfi­xiante rea­li­dad de la eco­no­mía mexi­cana. Los que saben, los que leen las letras chi­qui­tas, los que ana­li­zan todos los datos y no sólo los que pre­sen­tan en la maña­nera están lle­gando a la misma con­clu­sión: la eco­no­mía mexi­cana está por reven­tar.

Y la causa es fun­da­men­tal­mente una: la deuda. La dupla López Obra­dor Shein­baum ha dupli­cado la deuda his­tó­rica de México. Está en un nivel récord. Y para los ana­lis­tas, si México no reduce su deuda sus­tan­cial­mente -hago énfa­sis en el sus­tan­cial­mente-, el país no va a tener via­bi­li­dad. Para pagar esa deuda, el gobierno nece­sita más dinero y como por razo­nes ideo­ló­gi­cas se sigue negando a abrir el sec­tor ener­gé­tico a la inver­sión pri­vada, los espe­cia­lis­tas no ven por dónde. La reforma judi­cial no ayuda a la cer­ti­dum­bre.

Por eso, dos de las tres com­pa­ñías cali­fi­ca­do­ras que real­mente pesan en el mundo finan­ciero ya le baja­ron la cali­fi­ca­ción a México. Hace unos días, tanto Moody´s como Fitch deja­ron a México en la fron­tera de per­der el grado de inver­sión. Stan­dard&Poors no ha bajado la cali­fi­ca­ción, pero la tiene en pers­pec­tiva nega­tiva. Segu­ra­mente tomará una deci­sión en sep­tiem­bre cuando se pre­sente el Paquete Eco­nó­mico 2027 (y el gobierno diga qué piensa hacer con esa deuda) o a que en enero se publi­quen los datos finan­cie­ros de cie­rre de este año (y el gobierno diga qué hizo con esa deuda). Las cali­fi­ca­do­ras sue­len irse “espe­jeando” para mini­mi­zar el riesgo de equi­vo­carse. Si dos ya le baja­ron la cali­fi­ca­ción a México, lo más seguro es que se sume la ter­cera. Y enton­ces las tres habrán colo­cado a México en el límite de per­der el grado de inver­sión.

Por eso los 18 meses de bomba de tiempo. Es el lapso que sue­len espe­rar las cali­fi­ca­do­ras para revi­sar sus gra­dos. Si México pierde el grado de inver­sión será durí­simo para la eco­no­mía del país. Los fon­dos de inver­sión más pres­ti­gia­dos del mundo tie­nen obli­ga­cio­nes lega­les que les impi­den apos­tar su dinero en paí­ses que no tie­nen grado de inver­sión. No es que no quie­ran. Es que no pue­den. Al irse de México los fon­dos pre­mium, pues lle­gan los espe­cu­la­do­res. Eso sig­ni­fica menos empleos, tasas de inte­rés más caras, inte­re­ses de la deuda más altos y cuando menos, una rece­sión eco­nó­mica. Si no es que peor. Por no hablar del des­pres­ti­gio inter­na­cio­nal de haberse con­ver­tido en un “ángel caído”, como se llama a los paí­ses que tie­nen el grado de inver­sión... y lo pier­den por malos mane­jos.

México obtuvo el grado de inver­sión hace casi 30 años. La cali­fi­ca­ción fue subiendo con el buen manejo macroe­co­nó­mico. Peña Nieto se la dejó a López Obra­dor en su máximo his­tó­rico: tres pel­da­ños arriba del grado de inver­sión. Como sacar 9 en la escuela. AMLO la bajó dos y Shein­baum uno más. Hoy, saca­mos 6. A un paso de estar repro­ba­dos. A un paso de que inver­tir en México se con­si­dere de alto riesgo, una inver­sión “basura”.

La pre­si­denta tiene 18 meses para man­dar una señal ine­quí­voca. No un guiño. No una pro­mesa. Una medida que con­venza a todos. Tiene baraja: puede recor­tar el gasto sus­tan­cial­mente, abrir el sec­tor ener­gé­tico, inver­tir en infraes­truc­tura pro­duc­tiva (no en tre­nes que no van a nin­gún lado), modi­fi­car la reforma judi­cial.

Es cierto que la 4T ha tenido gran­des logros en los ingre­sos de las fami­lias mexi­ca­nas. Los pro­gra­mas socia­les, el aumento a los sala­rios. Indis­cu­ti­ble. Pero esos gas­tos enor­mes los ha podido hacer por­que con­taba con los cimien­tos de un entorno macroe­co­nó­mico con­fia­ble y res­pe­tado en el mundo. Si pierde el grado de inver­sión, pierde los cimien­tos. Y que se aga­rre. La pre­si­denta, su par­tido y des­gra­cia­da­mente, el país.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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Sobre el autor

Carlos Loret de Mola
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