Historias de Reportero: Sinaloa, El Venezuela Mexicano

Carlos Loret de Mola
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Desde sep­tiem­bre del 2024 que ini­ció la gue­rra al inte­rior del cár­tel de Sina­loa, dos gri­tos con el ape­llido del gober­na­dor de ese estado se han vuelto emble­má­ti­cos. Uno se dice entre risas. El otro se espeta con furia.

“¿Y el Roooo­cha?” se vol­vió chiste, meme, desahogo para evi­den­ciar a un gober­na­dor que no exis­tía. ¿Dónde estaba el gober­na­dor frente a la cri­sis? Se lo lle­ga­ron a gri­tar al man­da­ta­rio esta­tal hasta en un avión comer­cial cuando se lo topa­ron en vuelo. Se lo tomó a broma.

El otro grito es el “¡fuera Rocha!”, que más que una pro­testa, se con­vir­tió en un deseo de la ciu­da­da­nía sina­loense, prin­ci­pal­mente de Culia­cán, donde se han sen­tido más los efec­tos de esta gue­rra. La pobla­ción siente que la salida de Rocha del gobierno es el ini­cio de la solu­ción, una con­di­ción nece­sa­ria -más no sufi­cien­te­para que acabe la gue­rra y regrese la paz des­pués de año y medio.

La deses­pe­ra­ción ciu­da­dana que sabía que su gober­na­dor no era parte de la solu­ción sino eje cen­tral del pro­blema pare­cía haber lle­gado al máximo cuando les llegó gra­cias a Esta­dos Uni­dos la gran noti­cia: Rocha pidió licen­cia y deja la guber­na­tura.

Muy al estilo de la caída de Maduro en Vene­zuela, en muchos sec­to­res del con­cierto nacio­nal molestó que la caída de Rocha Moya haya sido a con­se­cuen­cia de un golpe extran­jero, encima del “impe­ria­lismo yan­qui”, con el sello de Donald Trump por si no bas­tara. Ese cho­cante inje­ren­cismo.

En enero de este año, frente a una opi­nión pública inter­na­cio­nal incó­moda por­que un mano­tazo de Trump fue lo que tumbó al dic­ta­dor Nico­lás Maduro, hubo quien dijo: pre­gún­ten­les pri­mero a los vene­zo­la­nos. Los vene­zo­la­nos esta­ban más feli­ces por el fondo que preo­cu­pa­dos por la forma: más con­ten­tos por­que se haya ido Maduro que por la inter­ven­ción mili­tar de Donald Trump. Haiga sido como haiga sido, diría el clá­sico. Quizá con Rocha Moya hay que plan­tear lo mismo: pre­gún­ten­les pri­mero a los sina­loen­ses. Hubiera sido mejor que lo de Rocha se pro­ce­sara inter­na­mente, claro. Tan­tito pudor en la 4T hubiera bas­tado para dedu­cir que era invia­ble su per­ma­nen­cia. Pero no tie­nen el mínimo decoro. Opta­ron por pro­te­gerlo. Hasta que llegó el mano­tazo de Trump.

Y los sina­loen­ses están feli­ces. Un año y medio de no poder res­pi­rar en paz. De no poder salir a cenar ni hacer una fiesta como Sina­loa manda. Lo que Vene­zuela vivía de ham­bre y pobreza, Sina­loa lo vivía de miedo e inse­gu­ri­dad (que ter­mina con­du­ciendo al ham­bre y a la pobreza, basta echar un ojo a los datos de cre­ci­miento eco­nó­mico, inver­sión y empleo del estado).

Hay moti­vos para cele­brar, sí. Pero tam­bién -como en el caso Vene­zuela- hay moti­vos para la cau­tela. Rocha sólo pidió licen­cia tem­po­ral para dejar el cargo mien­tras se le inves­tiga por parte de la Fis­ca­lía Gene­ral de la Repú­blica. La pre­si­denta Shein­baum ya dio todas las seña­les de que esa inves­ti­ga­ción lo va a excul­par. En lugar de Rocha quedó inte­ri­na­mente una figura de su mismo grupo polí­tico. Hasta hoy ni siquiera ha demos­trado ser la Delcy que lo entrega, sino la Clau­dia que ocupa el cargo para garan­ti­zarle impu­ni­dad y darle el mando a dis­tan­cia. El mismo grupo sigue con­tro­lando todo: el gobierno, el par­tido, el Con­greso, el Poder Judi­cial, muchos medios.

Este esce­na­rio ha mode­rado entre los sina­loen­ses el júbilo ini­cial por la salida de Rocha. La pro­tec­ción de la pre­si­denta Shein­baum ha acen­tuado una decep­ción. La frus­tra­ción de que al final, nada va a cam­biar. Que el pacto es más impor­tante que todos los sina­loen­ses jun­tos.

Hasta hoy, la pre­si­denta ha man­dado la ine­quí­voca señal de que no se preo­cupa por los sina­loen­ses. Se preo­cupa por uno solo: Rubén Rocha Moya. Igual que López Obra­dor, que siem­pre le dio el espal­da­razo a Rocha. Y en lo que com­pran tiempo para ope­rar su exo­ne­ra­ción, están dejando a cargo del estado a per­fi­les sin expe­rien­cia ni capa­ci­dad. Si algo nece­sita Sina­loa es justo lo con­tra­rio.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.