Ir al contenido principal

Dicen que a los gober­nan­tes muchas veces les toca esco­ger entre lo malo y lo peor. Para la pre­si­denta Shein­baum, el tiempo que estuvo México en el Mun­dial fue agri­dulce: nunca lo dis­frutó por­que la exhi­bió, pero le fun­cionó para dis­traer la aten­ción tres sema­nas.

Shein­baum no lo gozó. Pare­ció sufrirlo más. Mien­tras todo México tra­taba de con­se­guir un lugar en el esta­dio, Shein­baum huía de su butaca ase­gu­rada. La pre­si­denta que pre­sume dos veces a la semana su popu­la­ri­dad de 70% no pudo ir al esta­dio. Le tuvo miedo a los abu­cheos. Toda­vía en las maña­nas de los días de par­tido no se atre­vía ni a decir dónde lo iba a ver. Lo anun­ciaba a la mera hora del sil­ba­tazo ini­cial. Así de arrin­co­nada. La pre­si­denta se escon­dió pero eso no la libró de que la abu­chea­ran y corea­ran nega­ti­va­mente su nom­bre en los luga­res públi­cos donde el pue­blo se reu­nía a ver los par­ti­dos.

Nunca se le vio dis­fru­tar el ambiente que millo­nes de mexi­ca­nos sí abra­za­ron. Mien­tras otros jefes de Estado con­vier­ten un evento de esta mag­ni­tud en una pla­ta­forma de cer­ca­nía y cele­bra­ción, Shein­baum optó por la dis­tan­cia. Esa es su zona de con­fort: la dis­tan­cia. Dedujo que cada apa­ri­ción pública corría el riesgo de con­ver­tirse en dina­mita para la pro­pa­ganda. El esta­dio no es la maña­nera. Y el fan fest no es un mitin de aca­rrea­dos. Sin ese con­trol, no se sin­tió con garan­tías. Huyó.

En la fiesta de la unión que fue lo que nos tocó del Mun­dial en nues­tro país, la pre­si­denta estuvo invi­tada y no fue. México per­dió la opor­tu­ni­dad de mos­trarse ante el mundo como un país moderno. Se refu­gió en los valo­res de siem­pre: la cali­dez de la gente, lo bue­nos que somos para la fiesta. Tequila y som­brero. No desa­rro­llo, inver­sión ni segu­ri­dad: incluso el fin de semana de la triste eli­mi­na­ción de la selec­ción mexi­cana, la prensa bri­tá­nica se pre­gun­taba cómo era posi­ble que México fuera sede de un Mun­dial con 130 mil desa­pa­re­ci­dos en la cuenta.

Las obras no estu­vie­ron lis­tas. Algu­nas que­da­ron incom­ple­tas y otras se entre­ga­ron ape­nas para salir del paso. Tarde y mal. La movi­li­dad se con­vir­tió en un dolor de cabeza. Los pro­ble­mas de segu­ri­dad obli­ga­ron a ope­ra­ti­vos extraor­di­na­rios. Cuando hubo situa­cio­nes de emer­gen­cia, el gobierno se vio reba­sado, inca­paz. Cada día del tor­neo repre­sentó un exa­men de capa­ci­dad guber­na­men­tal y no pocas veces reprobó.

La pos­tal fue cruel: México tiene la mejor afi­ción, pero tiene el peor gobierno.

Para­dó­ji­ca­mente, el Mun­dial le sir­vió a la pre­si­denta Shein­baum como un gran dis­trac­tor. Un tan­que con tres sema­nas de oxí­geno. Mien­tras México estuvo en la com­pe­ten­cia, el país habló de Morita, Qui­ño­nes y Ochoa, y no de Rocha Moya, Inzunza y Marina del Pilar. Hasta los cri­mi­na­les se die­ron cierta tre­gua: baja­ron un ter­cio los homi­ci­dios.

Ahora viene la parte más difí­cil. Por­que cuando se apaga el último foco del Azteca y se des­monta el último esce­na­rio, se ter­mina tam­bién el parén­te­sis. Se agota el oxí­geno. Se aca­ban him­nos, ban­de­ras y unión. Se acaba la con­ver­sa­ción ama­ble.

Y el gobierno regresa al terreno donde las cosas no van bien.

Se acabó la tre­gua incó­moda: un evento que le per­mi­tía esca­par, por momen­tos, de los pro­ble­mas más gra­ves del país, pero que al mismo tiempo le recor­daba las limi­ta­cio­nes de su gobierno.

Ese es el ver­da­dero saldo de México en el Mun­dial para Shein­baum: no lo dis­frutó cuando estaba y lo va a extra­ñar ahora que se ha ido.

Añadir Diario de Morelos como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora

Sobre el autor

Carlos Loret de Mola
Carlos Loret de Mola
Ver biografía