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El gobierno de Esta­dos Uni­dos le está dando una opor­tu­ni­dad his­tó­rica a la doc­tora Clau­dia Shein­baum: comen­zar a ejer­cer como pre­si­denta de México.

La doc­tora Shein­baum sabe que el gober­na­dor de Sina­loa, Rubén Rocha Moya, está metido con el narco. Lo saben tam­bién todos en su gabi­nete de segu­ri­dad. Desde hace tiempo han diag­nos­ti­cado que sacar a Sina­loa de la gue­rra pasa por qui­tar de ahí al gober­na­dor. Pero la pre­si­denta no podía: a Rocha Moya lo ha pro­te­gido siem­pre López Obra­dor. Así que Shein­baum optó por ser cóm­plice de su per­ma­nen­cia.

Ayer, el gobierno de Donald Trump le ofre­ció una salida: la deci­sión no la tiene que tomar ella. La pre­si­denta de México puede echarle la culpa a Trump y empe­zar una pro­funda lim­pieza de nar­co­po­lí­ti­cos de Morena con el caso más emble­má­tico de todos, el del gober­na­dor Rubén Rocha Moya. Y como no hay nin­guna garan­tía de que Trump vaya a con­for­marse con Sina­loa, a la pre­si­denta le con­viene ser ella la que lim­pie -lo que debió haber hecho con Rocha Moya- para “vacu­narse”, para mati­zar el costo polí­tico de los casos que pue­dan venir.

Encu­brir a Rocha Moya, como parece que será por lo visto hasta ahora, puede sig­ni­fi­car un costo gra­ví­simo para el país y tam­bién para ella como pre­si­denta. Le esta­ría abriendo la puerta a Trump para sus anhe­la­dos ope­ra­ti­vos anti­narco en suelo mexi­cano. Le esta­ría abriendo la puerta a Trump para su anhe­lado rom­pi­miento comer­cial con México. Por­que Trump podría argu­men­tar que México encu­bre a los capos que Esta­dos Uni­dos quiere per­se­guir. Le esta­rían con­fir­mando sus acu­sa­cio­nes de que México es un nar­co­go­bierno, de que en México man­dan los nar­cos y la pre­si­denta -muy dulce, muy inte­li­gente, muy linda, muy bien ves­ti­daestá domi­nada por ellos y les tiene miedo. ¿La pre­si­denta va a arries­gar la sobe­ra­nía nacio­nal y el TMEC por pro­te­ger a Rocha Moya y a López Obra­dor?

La pre­si­denta pen­sará que entre­gar a Rocha Moya es des­truir el legado de López Obra­dor y des­truir al movi­miento. Ese legado ya está des­truido por la acu­sa­ción misma. Del estigma de nar­co­pre­si­dente ya no se zafa nunca. A ella no le toca sal­var a López Obra­dor. A ella le toca sal­var al país. Y en esa ruta, sal­var a su movi­miento, inde­pen­di­zarlo de la ani­qui­lada figura de López Obra­dor y asu­mir el mando. Por­que la acu­sa­ción no es con­tra ella ni con­tra nadie de su gabi­nete. Así que a la pre­si­denta le toca tomar una deci­sión difí­cil, muy difí­cil. Polí­ti­ca­mente muy difí­cil y per­so­nal­mente muy difí­cil. Pero para eso tiene que sen­tirse pre­si­denta, saberse pre­si­denta y ejer­cer como pre­si­denta.

SACIAMORBOS

Si a prue­bas nos vamos, hay más prue­bas de vín­cu­los con el narco de López Obra­dor... que de Rocha Moya.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

Sobre el autor

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Carlos Loret de Mola
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