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No quiero decir algo que el gobierno deter­mine que no es ver­dad. No quiero que me mul­ten. No quiero que por mi culpa clau­su­ren los medios de comu­ni­ca­ción para los que tra­bajo. No quiero equi­vo­carme.

Y como el que pre­gunta no se equi­voca, tengo unas pre­gun­tas para la pre­si­denta Shein­baum, ahora que se auto­nom­bró Dueña de la ver­dad, o para la Comi­sión Regu­la­dora de Tele­co­mu­ni­ca­cio­nes con la que el gobierno va a deter­mi­nar qué es ver­dad y qué es men­tira:

¿Es ver­dad que ami­gos de Andy López Bel­trán han reci­bido con­tra­tos por miles de millo­nes de pesos? ¿Es ver­dad que esos ami­gos de Andy apa­re­cen en gra­ba­cio­nes rela­tando cómo come­tie­ron actos de corrup­ción? ¿Es ver­dad que tam­bién cuen­tan que se hos­pe­dan en el depar­ta­mento de uno de los hijos de AMLO? ¿Es ver­dad que dos her­ma­nos de López Obra­dor, Pío y Mar­ti­nazo, reci­bie­ron dinero en efec­tivo a escon­di­das en sobres ama­ri­llos y dije­ron que era para Andrés Manuel? ¿Es ver­dad que uno de los hijos del expre­si­dente AMLO fue nom­brado super­vi­sor del tren que se des­ca­rriló matando a 14 per­so­nas? ¿Es ver­dad que el joven Bobby López Bel­trán no tenía nin­guna expe­rien­cia en mate­ria de tre­nes cuando fue nom­brado? ¿Es ver­dad que el enton­ces esposo de Clau­dia Shein­baum, Car­los Ímaz, fue cap­tado en video, reci­biendo en secreto fajos de bille­tes de un empre­sa­rio y dijo que eran para una vaca­ción fami­liar? ¿Es ver­dad que dece­nas de opo­si­to­res fue­ron secues­tra­dos el fin de semana de las elec­cio­nes en las que Rubén Rocha ganó la guber­na­tura de Sina­loa? ¿Es ver­dad que Adán Augusto López nom­bró como secre­ta­rio de Segu­ri­dad a un hom­bre a quien el pro­pio gobierno iden­ti­fica como líder de la orga­ni­za­ción cri­mi­nal La Barre­dora? ¿Es ver­dad que los sobri­nos del secre­ta­rio de Marina de AMLO ope­ra­ron una red de hua­chi­col fis­cal den­tro de las fuer­zas arma­das?

Pode­mos empe­zar con estas. ¿Son ver­da­des o son men­ti­ras? ¿Son hechos com­pro­ba­bles o resulta que son “mi opi­nión”? Para saber de una vez.

La pre­si­denta está insa­cia­ble. Ya es dueña del Poder Legis­la­tivo y del Judi­cial. Ya es dueña de la Fis­ca­lía, la UIF y el SAT. Ya es dueña del INE y en Tri­bu­nal elec­to­ral. Ahora se ha plan­teado ser dueña de la ver­dad. Ani­qui­lar a los pocos medios de comu­ni­ca­ción que no doblan la rodi­lla ante ella.

Como sue­len hacerlo los regí­me­nes dic­ta­to­ria­les, uti­liza la noble idea de “los dere­chos de las audien­cias” para imple­men­tar una serie de medi­das que bus­can dejar en manos de su admi­nis­tra­ción defi­nir cuándo un perio­dista miente, y a par­tir de ahí, per­se­guir a quie­nes la cues­tio­nan o docu­men­tan la corrup­ción.

Obvia­mente no le va a lla­mar Ley Cen­sura. Le va a lla­mar “Pro­tec­ción de los Dere­chos de las Audien­cias”.

Nico­lás Maduro imple­mentó la “Ley con­tra el Odio, por la Con­vi­ven­cia Pací­fica y la Tole­ran­cia”. Suena bien, ¿no? Con ella encar­celó a 20 mil opo­si­to­res y crí­ti­cos.

En Nica­ra­gua, el dic­ta­dor Daniel Ortega pro­mulgó la Ley de Regu­la­ción de Agen­tes Extran­je­ros. Per­fec­ta­mente jus­ti­fi­ca­ble, ¿no? Está bien que todo agente extran­jero sea regu­lado. Con esa ley, Ortega ¡le quitó la nacio­na­li­dad nica­ra­güense! a 222 opo­si­to­res, crí­ti­cos y hasta un obispo. Desde luego, a mon­se­ñor Rolando Álva­rez no se le acusó de ser crí­tico del gobierno. Se le acusó de trai­ción a la patria, obs­truc­ción de fun­cio­nes, deso­be­dien­cia en per­jui­cio de la socie­dad y difu­sión de noti­cias fal­sas.

La dic­ta­dura de Videla en Argen­tina no les lla­maba desa­pa­ri­cio­nes for­za­das. Las jus­ti­fi­caba en la defensa del “ser nacio­nal” y los “valo­res occi­den­ta­les y cris­tia­nos” gra­cias a la Ley de Facto sobre Acti­vi­da­des Sub­ver­si­vas.

Sin­ga­pur, donde el mismo par­tido ha gober­nado hace 60 años, aprobó la “Ley para la Pro­tec­ción con­tra las Men­ti­ras y Mani­pu­la­cio­nes en Línea”. ¿Quién se opon­dría a tan noble pro­pó­sito? Pues con ella, el gobierno puede orde­nar un medio de comu­ni­ca­ción que borre el con­te­nido que no le parezca.

En Gui­nea Ecua­to­rial, donde el dic­ta­dor es Teo­doro Obiang, la legis­la­ción sobre “Segu­ri­dad del Estado” per­mite acu­sar a opo­si­to­res de “cons­pi­ra­ción con­tra el jefe de Estado” o “trai­ción”, enmar­cado como defensa de la “esta­bi­li­dad ins­ti­tu­cio­nal” del país.

En este con­no­tado grupo se está enlis­tando la pre­si­denta Shein­baum. Allá ella y su lugar en la His­to­ria.

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Carlos Loret de Mola
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