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“ Al final todo se compone… si no se compone, no es el final”. Esta es la optimista filosofía de Marc Pariente, el exitoso personaje italiano que llegó a Cuernavaca para quedarse. Por su cultura y preparación, fue nombrado por la embajada de Italia su correspondiente consular en esta ciudad.

Nació durante la Segunda Guerra en África del Norte, hijo de un poeta e idealista italiano y de una madre valiente y abnegada francoinglesa.

Los primeros años de su vida los vivió en Túnez con sus abuelos maternos lejos de sus progenitores y hasta los siete años conoció a su papá y Milán, la nueva ciudad junto a sus padres.

Marc nos cuenta que los primeros años no fueron fáciles, pero con mucho entusiasmo y el afecto y la generosidad de sus nuevos paisanos milaneses salió adelante.

En el “Liceo Classico”, estudió latín, griego, historia, arte y filosofía recibiéndose a los 19 años con “medalla de oro” sin darle tanta importancia ni entonces ni ahora.

Después, se inscribió en la Universidad de Milán, graduándose en leyes y jurisprudencia con una especialidad en filosofía del derecho.

A pesar del éxito en sus estudios, el mundo del arte tenía para él una atracción particular; se inscribió en el turno de noche en un posgrado de diseño arquitectónico y de visualización publicitaria en el Centro Davide Campari de Milán.

Con su amigo el museógrafo Franco Toselli -hijo de la condesa de Nieubourg mecenas de artistas- decidió abrir la galería “De Niebourg”, de arte contemporáneo, los padrinos fueron Gio Ponti constructor del primer rascacielos en Milán en los años sesenta y Lucio Fontana pintor argentino que destacó en Italia; además, con el apoyo de su compañera de universidad, Gilda Boiardi organizadora del Salone del Mobile, la más grande feria mundial de interiorismo y mobiliario. Sin dinero, pero con gran entusiasmo, fue el primer triunfo de la vida de Marc. Y de pronto, ya estaba en el mundo de los artistas, intelectuales, coleccionistas de arte, gente de teatro, de cine y protagonistas sociales, Marc empezaba a vivir su vida real.

Sin embargo, las autoridades militares lo llamaron para el cumplimiento del servicio militar y, muy a su pesar, tuvo que dejar su galería, a su socio, a su novia, a sus amigos y se fue a la Academia Militar; primero en la caballería mecanizada con los tanques M47 y M60 americanos y después en la Academia de los Carabinieri, especializándose en orden público y manifestaciones.

Todo parecía muy satisfactorio; su coronel tenía ciega confianza en el teniente Pariente y en su criterio en las manifestaciones “delicadas” eran tiempos de la revolución juvenil de 1968.

Todo iba bien, pero un día el coronel Luccheti le propuso un ascenso importante para que se quedara con los carabinieri, Marc dudó en aceptar o regresar al mundo del arte en su galería.

Siempre había pensado que saldría adelante solo, con retos y nuevas experiencias y no quedar como carabinero ni con su galería de arte, entonces decidió cancelar todo y reinventarse; viajó a México, país que había visitado como turista en las Olimpiadas del 68 y que le había entusiasmado.

No perdió mucho tiempo, avisó a la novia, a la familia, se despidió de su socio Franco Toselli, y del coronel y, compró su boleto a México para la nueva aventura, sabiendo bien que, en caso de fracaso, todo su mundo en Milán lo recibiría otra vez.

Pero no fue necesario, Marc llegó a México con Roberto, su hermano menor, y juntos decidieron hacerla con todo el esfuerzo y sacrificio, solos, sin dinero, sin familiares, sin amigos mexicanos, viviendo en cuartos rentados con extrema austeridad, pero también con alegría, energía y muchísima suerte:

Su primer encuentro fue con un próspero italiano, Gian Franco Brignone, dueño del lujoso Club Careyes, quien ofreció a su paisano Marc un puesto como su asistente personal y después el contrato para la decoración y arquitectura interior de los 52 departamentos de Plaza Careyes en Jalisco.

En 1971, en Polanco abre la Galería Artemis de arquitectura y decoración -que ya es un referente cultural- con el apoyo de sus amigos, García Márquez, los Basurto, los Quezada, los Rotchild y diversas embajadas y, por 25 años el restaurante La Cosa Nostra icono de Polanco; después en una sociedad el restaurante Cansino Polanco y el más reciente La Piccola Cosa Nostra.

Luego, llegó una gran amistad con Mario Moreno y la decoración en sus tres casas de México; lo mismo con Atenor Patiño en la arquitectura interior del Hotel Las Hadas en Manzanillo; después con Jorge Wilmot para su casa y museo de Tonalá; siguió Abraham Zabludovsky para reformar su casa y para las dos casas en México de Gabriel García Márquez en Pedregal, Las Lomas y la de Cuba.

Fue así como le llovieron contratos de decoración en Los Ángeles, Miami y Nueva York. Marc habla con modestia de tener mucha suerte unida a una capacidad aceptable. En todos estos años, además de brillante arquitecto, se manifestó como estrella de la socialité mexicana; no había cena de diplomáticos o de personajes de la escena política o económica a donde Marc y su esposa no fueran invitados y presumidos.

Pero muy pronto, en los años 90, otro cambio de timón… llegó a Cuernavaca y entabló amistad con mi maestro Gutiérrez Tibón, con Luis Reyna y su esposa María Beatrice princesa Di Savoia y Azaea, la hija de ambos, con nuestro paisano Hugo Salgado; con la familia Echeverría, el conde y la condesa Augusta, con el maravilloso anfitrión y fiestero Piergiorgio Spataro, con Abel Quezada y sus esplendorosas hijas y esposa, la talentosísima Lucero Isak, y también un divorcio y un nuevo amor

Ya en Cuernavaca, en calle Rufino Tamayo, abre su restaurante Trattoría de Gabo, nombre en honor de su amigo Gabriel García Márquez, después llamado La Pancha; La Cosa Nostra, hoy Il Piccolo Pecatto; que, cuando había sido casa de Abel Quezada se daban ahí reuniones de grandes personajes de la vida cultural y social de México. Finalmente, media calle arriba abre Casa Pariente o la Città delle Donne, para hotel, centro de convenciones, restaurante, nombre inspirado en nuestra también querida amiga representante de modelos y actores, la actriz Alejandra, una maravillosa argentina en todos sentidos.

Marc sigue reinventándose, con sus experiencias en el arte y la filosofía promueve nuestra ciudad y para festejar su cumpleaños, recién colocó doce cuadros, que firma como “Emepe”, todos decorados en oro y negro; son doce mantras de paz y hermandad en doce idiomas distintos que con orgullo y agradecimiento –dice- son un regalo para nuestra ciudad de Cuernavaca, ya están colocados en la calle Rufino Tamayo en la cuadra frente al Piccolo Pacatto y Casa Pariente.

“La edad no te protege del querer, pero el querer te protege de la edad” es otra de sus frases.

PD. De último momento. Marc está trabajando en nuevos proyectos para devolver a Cuernavaca el glamour internacional y la elegancia que le corresponde. No hay que perder de vista el “Nuovo Piccolo Pecatto” y el Pug Seal Social Club & Sapa. ¡Hasta la próxima!

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Sobre el autor

Carlos Lavín Figueroa
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