Ir al contenido principal

Ayer 21 de agosto, aniversario luctuoso de Juan Álvarez Hurtado. En 1849 fue fundador y primer gobernador del estado de Guerrero. Se alió con Ignacio Comonfort y con otros liberales desterrados y radicados en Nueva Orleans, quienes proclamaron el Plan de Ayutla el 1º de marzo de 1854 para poner fin a la dictadura de Antonio López de Santa Anna, que había entregado gran parte del territorio mexicano a los Estados Unidos.

Después de vencer a los ejércitos de Santa Anna, el General Álvarez llegó a Cuernavaca con sus tropas para proclamar aquí mismo el Plan de Ayutla. Y fue aquí, para contrarrestar que, en esta ciudad, tradicionalmente conservadora, se había publicado un edicto que apoyaba al dictador Santa Anna.

Al triunfo de la Revolución de Ayutla, comandada por Juan Álvarez, Santa Anna fue derrocado como presidente y huye del país.

En Cuernavaca, Álvarez también convoca a una junta con los más destacados representantes políticos liberales, quienes lo eligieron como presidente de México el 4 de octubre de 1855, tomando posesión en la plaza de toros y palenque de gallos, en lo que fue el Colegio Santa Inés en la rinconada del Jardín San Juan. Así, nuestra ciudad fue capital de la República durante tres meses que cambiaron la historia de México, dándole orden y nuevas leyes después del caos que había reinado desde la Independencia. Durante su gobierno, expidió la Ley Lerdo y la Ley Juárez. Su gabinete estaba formado por Melchor Ocampo, Ponciano Arriaga, Benito Juárez, Guillermo Prieto e Ignacio Comonfort. Álvarez también lanzó aquí la convocatoria para la conformación de un Congreso Constituyente que se encargara de elaborar la nueva Constitución Mexicana de 1857. Álvarez es el verdadero ideólogo de “La Reforma” que después Juárez materializó.

Forjado en los campos de batalla contra invasores extranjeros y dictaduras domésticas, fue héroe de cinco guerras, fue el último caudillo independentista en morir; muy joven participó en esa guerra; después en la guerra contra Francia conocida como Guerra de los Pasteles; más tarde en la Guerra contra Estados Unidos; en la segunda intervención francesa y en la Guerra de Tres Años.

*Pero, ¿quién era el General Juan Álvarez Hurtado en su vida privada? Fue hijo de don Antonio Álvarez, natural de Santiago de Compostela, y de doña Rafaela Hurtado de Mendoza de Mazatlán, jurisdicción de Acapulco; doña Rafaela, madre de Juan Álvarez Hurtado, es descendiente directa del segundo virrey de Nueva España, don Luis de Velasco I, y de su esposa doña Ana de Castilla y Mendoza, de la casa real de Castilla. Doña Rafaela Hurtado de Mendoza fue nieta del encomendero Juan Hurtado de Mendoza, a quien, para el año de 1694, se le menciona como dueño de la hacienda de Chilapa y de varias haciendas de ganado mayor en la jurisdicción de Tixtla, oriundo de Tlacotepec de los Hurtado (hoy Heliodoro Castillo, Guerrero). *Fuente y árbol genealógico: The Möbius strip. A SPATIAL HISTORY OF COLONIAL SOCIETY IN GUERRERO, MÉXICO. De Jonathan D. Amith. STANFORD UNIVERSITY PRESS, California, 2005. 676 pp.

En septiembre de 1861, Álvarez fue nombrado Benemérito de la Patria. El 27 de diciembre de 1922, sus restos fueron trasladados con honores a la Rotonda de los Hombres Ilustres en Ciudad de México. Recién, el ocho de julio de 2026, en el Congreso del estado de Morelos se develó una placa con letras doradas conmemorando que nuestra ciudad fue capital de la república con Juan Álvarez Hurtado presidente.

Álvarez Hurtado heredó, de sus privilegiados ancestros encomenderos, la hacienda de La Providencia, donde nació, y de otras de ganado mayor en Atoyac, hoy de Álvarez, dejó legítima herencia a su hijo de crianza y consanguíneo Francisco Oliveros, bisabuelo de quien esto escribe, padre de mi abuela Fermina Oliveros Giles, ambos nacidos también en la hacienda de La Providencia, ella fue esposa de Carlos Lavín Aranda de Amacuzac, ambos, progenitores de mi padre Carlos Lavín Oliveros: **TESTAMENTO DE JUAN ÁLVAREZ, 16 de octubre, 1861…

14.ª Ytem, es igualmente mi voluntad que el quinto de mis bienes se divida en tres partes; una se aplicará por mitad a cada uno de mis hijos de crianza, Felipe Zúñiga y Francisco Oliveros, pues de ella les hago perfecta y cabal donación y legado, como una corta remuneración de sus servicios, y en recompensa de su buen comportamiento en los años en que han permanecido a mi lado; las otras dos partes, cubiertas que sean las mandas y demás cargas que al quinto son anexas, volverán a entrar al monto de mis bienes. 15.ª Ytem, es mi voluntad dejar a mi hijo D. Diego mis armas y cuanto es de mi uso personal y los muebles de ajuar y todo lo de casa a la familia toda, para que, en común, sigan usando de ellos; sin que nada se les aplique o baje de sus legítimas, sino que una y otra donación deberá tenerse como una corta mejora…

(Nota: no así fue para sus dos nietos) 17.ª Ytem, por cuanto a que en la educación de mis dos nietos Antonio y Juan Álvarez, he gastado más de veinte mil pesos, en el tiempo en que estuvieron en México (ciudad), en los Estados Unidos del Norte y en Francia, sin que hubieran aprovechado ni adelantado cosa alguna; a que se han mostrado renuentes durante su permanencia en esta casa a prestarme ningunos servicios; a que han desoído y despreciado mis consejos y amonestaciones siempre que he tratado de corregir su conducta; a que el primero fugó de mi lado abandonando la casa paterna sin mi consentimiento; el segundo habiéndolo mandado a un colegio de México en el mes de mayo último, bajo frívolos pretextos se devolvió; habiéndolo destinado después a la Marina, se fugó también del buque, marchándose para California con su hermano, y a otros muchos actos de ingratitud y rebelión contra la autoridad paterna, que han cometido, y porque lo que he gastado en educarlos según dejo dicho, excede indudablemente de lo que por su legitima debía tocarles; usando la facultad que las leyes me conceden, los desheredo completamente, les privo y aparto de cualquier derecho que después de mis días a alguna de las partes pudieran tener y alegar; y quiero, mando y ordeno que ni por razón de alimento, ni por ningún otro título o motivo, sean admitidos total o parcialmente al goce de parte alguna de mis bienes ya sea con el carácter de legítima u otro cualquiera, y sin que por esta desheredación pueda en tiempo alguno anularse este mi testamento.

18.ª Ytem, por cuanto a mi nieta Rafaela, aunque mayor de doce años, se encuentra todavía en su menor edad, le nombro curadores a mi esposa y a mi hijo D. Diego con revelación de fianzas y consignación de frutos y alimentos… Firman conmigo a los diez y seis días del mes de octubre de mil ochocientos sesenta y uno. Juan Álvarez, L. Salas, M. Miranda, Miguel Dondé, Trinidad G. Gil, Vicente Altamirano, Francisco Oliveros, J. Margo Luna. **Fuente: Biblioteca del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM. ¡Hasta la próxima!

Añadir Diario de Morelos como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.

Activar ahora

Sobre el autor

Carlos Lavín Figueroa
Ver biografía