Hace unos años me contactó desde Argentina uno de mis asiduos lectores; era el destacado escritor y biógrafo argentino Ricardo Koon, solicitándome ciertos datos sobre la vida de Malcolm Lowry en Cuernavaca. Enseguida hablé a nuestro amigo dueño del hotel Bajo el Volcán, el mismo lugar donde noventa años atrás Lowry escribió la novela de ese nombre. Adán me aportó valiosos datos, tomé fotografías del interior de la torre -misma que reconstruyó John Spencer- donde Lowry, entre botellas de mezcal y la vista del Popocatépetl, se inspiraba para escribir su famosa novela, años después hecha película rodada también en nuestra ciudad. En aquellos tiempos, ese hoy hotel era una casa donde Lowry rentaba un modesto departamento cuando corrían los esplendorosos años treinta de nuestra ciudad. La obra de Lowry es la novela más destacada y leída de habla inglesa del siglo XX y, solo después de las obras de William Shakespeare.
Hace más de medio siglo que Ricardo Koon comenzó a investigar sobre la vida de los más grandes narradores del siglo XX y en 2015 publicó “El último león”, la más amplia biografía de mil páginas de Ernest Hemingway, que ha presentado en Argentina, Chile, España y Cuba. La reciente versión en inglés será presentada en Miami, además de “Entrevistas hemingwayanas”. Después de entrevistarse con Pablo Neruda en su casa de Isla Negra en Chile, Koon viajó a Cuernavaca hace cincuenta años, conoció a Lilia Suárez, quien le dio hospedaje en el Casino de la Selva; visitó las cantinas a las que era asiduo Lowry, como la del Casino; “La Estrella”, recién cerrada después de un siglo, y “El Farolito”, así como aquella vieja casa que estaba cerrada y en ruinas en el entonces número 15 de la calle Humboldt y otros lugares que Lowry frecuentaba y que menciona en su novela.
Teníamos tiempo de no conversar, pero el escritor Ricardo Koon sigue leyendo mis artículos, por lo que hace unos días me escribió esto que, con su autorización, comparto:
“Amigo Carlos Lavín. Hay libros que nacen de una idea y otros que nacen de una necesidad; “Rescatar la historia de Cuernavaca” es sin duda de estos últimos. Como sabes, desde hace años leo los artículos que publicas sobre la historia de una ciudad que, mucho más que reunir fotografías antiguas, documentos o fechas, es rescatar la memoria de quienes la construyeron, devolverles la voz a hombres y mujeres que el tiempo amenaza con convertir en nombres olvidados y comprender que ninguna comunidad puede proyectarse hacia el futuro si antes no conoce el camino que la trajo hasta el presente.
Por eso valoro especialmente tu trabajo. Porque se bien que no has escrito este libro desde la comodidad de quien reproduce lo ya conocido. Lo has construido con la paciencia del investigador, con la curiosidad del cronista y, sobre todo, con el profundo afecto de quien siente que la historia de Cuernavaca merece ser conocida y preservada.
Quienes nos dedicamos a investigar sabemos que detrás de cada página publicada existen muchas otras que nunca llegarán a imprimirse: largas horas en archivos y bibliotecas, entrevistas, búsquedas que parecen no conducir a ninguna parte y, de pronto, el hallazgo inesperado de un documento o una fotografía que cambia por completo una historia. Esa tarea silenciosa rara vez es advertida por el lector, pero constituye el verdadero fundamento de toda obra histórica seria.
Tu libro, “Rescatando la historia de Cuernavaca” es precisamente el resultado de ese esfuerzo. No pretendes ofrecer una historia definitiva —porque la historia nunca está definitivamente escrita—, sino abrir nuevas puertas, recuperar personajes, revisar acontecimientos y despertar en el lector el deseo de seguir preguntándose por el pasado de una ciudad extraordinaria. Con demasiada frecuencia confundimos memoria con nostalgia. No son lo mismo. La nostalgia mira hacia atrás con melancolía; la memoria mira hacia atrás para comprender. Y comprender el pasado es una forma de asumir la responsabilidad de preservar aquello que da sentido a una comunidad.
Cada generación recibe una herencia que no le pertenece exclusivamente. La recibe para custodiarla y transmitirla enriquecida a quienes vendrán después. Esa es, en esencia, la misión de los historiadores y de quienes, como tú, dedican parte de su vida a rescatar documentos, testimonios e historias que de otro modo terminarían perdiéndose para siempre.
Al recorrer esas páginas, el lector descubrirá edificios olvidados, personajes entrañables, episodios poco conocidos y escenas cotidianas que, unidas, forman el gran relato de tu valioso libro de Cuernavaca. Pero descubrirá algo todavía más valioso: el amor por una ciudad y el compromiso con su memoria.
Escribir historia es, en definitiva, un acto de gratitud. Gratitud hacia quienes nos precedieron, hacia quienes hicieron posible el presente y hacia quienes comprendieron que la memoria constituye el patrimonio más valioso de una comunidad.
Por eso celebro la aparición de tu libro. Porque rescatar la historia es también rescatar una parte de nosotros mismos.
Y porque mientras existan investigadores como tú, dispuestos a dedicar su tiempo y su pasión a preservar esa memoria, el pasado seguirá dialogando con el presente y continuará iluminando el porvenir.
Como mencioné hace unos años: Carlos Lavín es la historia viva de Cuernavaca”.
Nota. Los últimos libros estás disponibles en los restaurantes Casa Hidalgo, Pancracio, Marco Polo, Las Quintas, Mañanitas, Madrigal, Cafetería Colibrí y librerías de centro de Cuernavaca. ¡Hasta la próxima!
Añadir Diario de Morelos como fuente preferida de Google de forma gratuita.
Mantente informado con las últimas noticias de actualidad.
