Historias y Relatos: Aber Quezada en Cuernavaca

HISTORIAS Y RELATOS
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Nuestra estimada amiga Josefina Quezada nos cuenta que su papá, don Abel Quezada, llegó a Cuernavaca motivado por su gran amistad y cercanía con Alberto Isaac, quien ya había comprado una casa en Avenida Las Quintas. Alberto estuvo casado con la inolvidable Lucero Isaac, hermana de su mamá Yolanda. Ambos, periodistas y caricaturistas, además de concuños. Eso fue entrando los años 70.

Su primera casa, donde también tenía su estudio de pintura, fue la ubicada en la calle Rufino Tamayo, hoy restaurante Piccolo Pecatto, construida por el mismo arquitecto que construyó enfrente y barranca de por medio la casa de María Félix; en ese entonces la calle se llamaba Abasolo. Casa donde el famoso caricaturista, historietista y escritor con su esposa Yolanda, empezaron a reunir a una pléyade de personalidades de la cultura y el arte.

La familia Quezada pasaba sus vacaciones e inolvidables fines de semana en esa casa, en gran medida por los personajes que solían acompañarlos alrededor de los platillos que preparaba su mamá, la señora Yolanda Rueda, a quien también conocí y traté por años. Por esa casa pasaron figuras, como Gabriel García Márquez y los actores del momento más destacados de las artes y la cultura; la larga lista de visitas tuvo también a presidentes de México y de otros países, a empresarios, extranjeros y de la realeza y nobleza europea. De esta manera, a don Abel y a la señora Yolanda se debe que nuestra ciudad retomara nueva fuerza como ciudad intelectual y cultural.

Para 1983, el matrimonio Quezada ya se había mudado a su nueva casa de Avenida Palmira para vivir ya de planta en esta ciudad. Ahí la vida les continuó entre comidas y pláticas muy interesantes con los amigos de siempre y con sus familiares.

Don Abel solía llevar a los hijos de Josefina al club de golf clásico y emblemático de Cuernavaca donde se reunía el grupo conocido como el Club de Carlos Slim.

La pasión de don Abel fue la pintura, de ahí que creara sus mejores obras en los años que felizmente vivió en Cuernavaca. Murió en su casa en 1991 rodeado de su esposa, sus hijos y nietos. La influencia de ese hogar luminoso del matrimonio Quezada hizo que sus hijos, Abel, Marta Yolanda y Josefina, encontraran Cuernavaca la ciudad de elección para vivir. Abel Quezada había llegado a Cuernavaca precedido de gran fama y trayectoria como historietista crítico de los gobiernos y de la misma sociedad; aquí es donde formó aquel numeroso grupo al que incluso llegaban sus más criticados.

Por mi parte, nunca me perdía las publicaciones de don Abel Quezada, críticas que se disfrutaban en todos los diarios y revistas más importantes de México con las que don Abel hizo toda una época. Él, era el personaje de su tiempo, tanto por sus relaciones como por sus famosas historietas donde aparecían; “El tapado” que refería a los candidatos todavía sin darse a conocer para la presidencia de México; “La caritativa dama de Las Lomas”, dama apretada y “culta” infaltable a los bailes de caridad, “El charro Matías”, extra que salió de los bajos fondos del cine vernáculo para inspirar lástimas en las antesalas de todos los políticos prometedores, hombre cabal y probo hasta donde se lo permitían las circunstancias; “El antiguo político del PRI”, hombre bragado con pistola al cinto, de prominente abdomen, texana en la cabeza y bota norteña, que le dio testosterona y folklore a la “familia revolucionaria” hasta la invasión de los perfumados y luego de los tecnócratas; “Don Gastón Billetes” era un mañoso para lograr sus propósitos, conocedor excelente de la política mexicana y las maneras de hacer negocios y “El campesino”, consentido destinatario de los planes oficiales que nunca llegaban. Antes ya había realizado portadas de revistas importantes.

Colaboró en los diarios Ovaciones, Excélsior, Novedades y en La Jornada como caricaturista. Dibujó algunas portadas de las revistas The New Yorker y The New York Times Magazine. En 1949, conoce a quien será su esposa de toda la vida, doña Yolanda Rueda, la excelente anfitriona de aquel grupo de notables.

Entre 1953 y 1954 produce varios programas de televisión. Entre 1955 y 1956 publica en Cine Mundial, Últimas Noticias, Revista de Revistas; en 1966 viaja a Arabia, Grecia y España y el día 20 publica una serie de cartones sobre España en la revista Life en español. En 1968, pide permiso a sus lectores para dejar su página para integrarse al Comité Organizador de los Juegos Olímpicos de México 1968.

Viviendo ya en Cuernavaca, en 1976 publica el libro “El mexicano y otros problemas”. En el mes de julio, el presidente Luis Echeverría provoca la salida de equipos de periodistas y editoriales afines a Julio Scherer, entre ellos Abel Quezada. Su última colaboración fue un cartón dominical publicado el 4 de julio.

En 1977, es contratado por el periódico Novedades y toma nuevos aires. 1980: Gana el Premio Nacional de Periodismo e Información, en el género de caricatura. En 1983, el 13 de marzo ilustra la portada del suplemento dominical The New York Times Magazine.

En 1989, se retira de la actividad periodística con una serie de seis cartonés que se publican simultáneamente; publica en varios diarios “su último cartón” para dedicarse de lleno a la pintura. Como pintor, expuso por primera vez en 1985, en el Museo de Arte Moderno. En abril, la revista Time lo nomina dentro de los diez mejores dibujantes del mundo.

En 1990, en Italia, se dio la presentación de su libro en la biblioteca Trivulziana del Castello Sforzesco de Milán. Del primero al 30 de junio, su obra es exhibida en la galería Nesle en París; y en noviembre se presenta en la galería Pallazzo Negrone en Génova. En 1991, el 30 de enero, el presidente Carlos Salinas inaugura la obra de Quezada “Petróleos Mexicanos”. Una historia en dos murales” en la Torre Ejecutiva del centro de PEMEX en la Ciudad de México.

Fue todo un personaje que, por su cultura, fama y trato, junto con su esposa Yolanda, lograron reunir en nuestra ciudad a los más notables de su tiempo. El jueves 28 de febrero fallece don Abel Quezada en su casa de Avenida Palmira en Cuernavaca. En octubre de 1994, en la Biblioteca de México, se le rindió un homenaje, inaugurando la exposición de sus acuarelas “Abel Quezada en Nueva York”.