Tras un recuento electoral, sólo importa quién es el ganador.
Todos los demás son perdedores.

Sir Winston Leonard Spencer Churchill,
Primer Ministro británico

Oootra vez, Diego Miguel Gómez Henríquez está fuera de la contienda por la Presidencia Municipal de Cuernavaca, y se confirma como un “ave de las tempestades”.

“Se negó el registro”, consigna la página 42 de la lista de candidatos que emite el Instituto Morelense de Procesos Electorales y Participación Ciudadana (Impepac).

Quizá ese destino le viene desde aquellos tiempos en que fue uno de los adláteres de la alcaldía priista de Cuernavaca 2009-2012 y del frustrado aspirante a la gubernatura de Morelos.

Diego es un muchacho tesonero, la ha hecho de muchas cosas, y a pesar de los descalabros que ha sufrido en la política, echa para adelante incluso cambiando de partido político como de camisa.

De la filia tricolor de sus albores queda poco, acaso frustrado porque aquel megalomaníaco proyecto de inicios de la década pasada se ahogó en una soberbia que todavía sigue pesando.

Como otros de aquella camada, Diego Miguel estudió fuerte, se tituló de licenciado en Derecho y, aunque no aparece en el Registro Nacional de Profesionistas de la SEP con grado de maestro, él lo ha ostentado, incluso en documentos oficiales.

Estuvo cerca ganar la candidatura en 2018 y potencialmente la Presidencia Municipal que ahora en 2021 vuelve a negársele, en lo que sería el clásico “¡Lástima, Margarito!”…

Allá en el ’18 Gómez Henríquez fue otro de los damnificados cuando los tribunales electorales no le reconocieron certeza a la candidatura propietaria del Partido Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) y de paso a él de suplente el derecho a ser abanderado de la coalición Juntos Haremos Historia a la llamada “Joya de la Corona”.

Por más que echó mano de sus buenos oficios jurídicos, perdió el caso que después de mucho litigio decantó en el triunfo de Antonio Villalobos Adán, como candidato suplente, a la ansiada Presidencia Municipal de Cuernavaca.

De aquella andanza onírica todavía queda algún ilegal vestigio en forma de propaganda electoral (de Morena) en columnas que soportan el Distribuidor Vial Palmira, justo donde también hay pegotes del actual intento fallido (ahora por el partido Más Más Apoyo Social).

MONTA EN ‘CHARRITO’ AL ESTILO ‘JUANITO’
De la más reciente aventura política-electoral de Diego Miguel está que bocabajeado entre los seguidores de la 4T se propuso un nuevo partido, el Más Más Apoyo Social, más como proyecto a mediano y largo plazo que por lo que pudiera hacer el próximo domingo 6 de junio.

Dentro del nuevo partido, con Gómez Henríquez los jaloneos no han estado ausentes por la “propiedad” del mismo, y ello también ha sido un sello para lo que vino después, la imposibilidad de llenar todas las casillas de candidatos a los cientos de cargos y, peor aún:

Diego Gómez recibió “palo” de los tribunales federales en su intento de ser él quien abanderara al nuevo partido a la presidencia municipal de Cuernavaca, por pifias técnicas, a pesar de un mamotreto de justificaciones.

De manera coincidente, su partido originalmente nombrado MAS MAS Apoyo Social está obligado a cambiarlo por su similitud con otro local también nuevo titulado Movimiento Alternativa Social (MAS).

Con proyección de ser en adelante Partido Acción Social (PAS), fracturas dentro del mismo instituto político y sin el derecho a concursar por la alcaldía capitalina, el “ave de las tempestades” no se resigna a su mala suerte o mal proceder y en una suerte de “Juanito” anda intentos dentro del proceso electoral.

“El Charrito”, Leonardo Muñoz Arias, es el candidato suplente del Partido Más Más Apoyo Social o Partido Apoyo Social (PAS) que Diego Gómez lleva y trae por diversos puntos de la capital como estandarte de su aspiración de gobernar Cuernavaca.

“Nadie dijo que iba a ser fácil; a López Obrador le costó 18 años”, le confesó en sentimiento Diego Gómez al reportero Israel Mariano, como para reconfortarse de las malas que ha visto una y otra vez y que al menos dentro de 20 días no augura que le vaya a cambiar el rumbo.

Tal vez, en su muy profundo fuero interno, lo mejor que le podría pasar es que no lo vayan a echar del Partido Apoyo Social y también que éste conserve el registro, no en sus fantásticos afanes sino ante las autoridades electorales, para pensar en el 2024.

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