Edith Gua­da­lupe, de 21 años, desa­pa­re­ció el miér­co­les de la semana pasada. Sus fami­lia­res acu­die­ron de inme­diato a la Fis­ca­lía de la Ciu­dad de México. Les dije­ron que no podían empe­zar a bus­carla hasta que pasa­ran 72 horas, les pidie­ron dinero para empe­zar a bus­carla ese mismo día y les dije­ron que segu­ra­mente se había esca­pado con su novio. Dos días des­pués, Edith Gua­da­lupe apa­re­ció muerta. La Fis­ca­lía de la Ciu­dad de México aceptó las irre­gu­la­ri­da­des en su res­puesta y, de entrada, cesó a tres fun­cio­na­rios.

Es un retrato per­fecto de cómo pre­va­lece y se pro­fun­diza en las que his­tó­ri­ca­mente han sido las que­jas femi­nis­tas: la tar­danza en la acti­va­ción de los pro­to­co­los de bús­queda (72 horas), la corrup­ción (dinero por fun­cio­nar) y la estig­ma­ti­za­ción (“se escapó con el novio”).

Que esa haya sido la res­puesta auto­má­tica de la Fis­ca­lía, exhibe a la 4T. Sucede tras ocho años de gobier­nos enca­be­za­dos por muje­res con fis­ca­les muje­res en la Ciu­dad de México. Clau­dia Shein­baum y Clara Bru­gada, jefas de Gobierno. Ernes­tina Godoy y Bertha Alcalde, titu­la­res de la Fis­ca­lía de Jus­ti­cia de la capi­tal del país. Tanta saliva derra­mada para pre­su­mir los gobier­nos con A, y ni siquiera el acceso de las muje­res a la jus­ti­cia es efec­tivo. ¿A quién le van a echar la culpa? ¿A algún gobierno del pasado? El pasado es ellas mis­mas. Nomás que una ya es pre­si­denta, y la otra ya es fis­cal Gene­ral de la Repú­blica.

La Ciu­dad de México ha sido gober­nada 30 años con­se­cu­ti­vos por el mismo grupo polí­tico. Cuauh­té­moc Cár­de­nas puso a López Obra­dor. López Obra­dor puso a Ebrard. Ebrard puso a Man­cera. Man­cera rom­pió a la mitad del camino, pero el grupo polí­tico de siem­pre recu­peró la plaza: entró Shein­baum y dejó a Clara. En la Ciu­dad de México no tie­nen el pre­texto que habi­tual­mente enar­bo­lan con los pro­ble­mas fede­ra­les. En la capi­tal del país lo que no fun­ciona es lo que ellos no han podido arre­glar desde hace tres déca­das. Y todo cruje: desde los baches hasta el Metro, desde la con­ta­mi­na­ción hasta la Fis­ca­lía, desde la corrup­ción coti­diana hasta los asal­tos. Por eso cuando se cayó la Línea 12 sólo había de dos sopas: era culpa de Clau­dia o era culpa de Mar­celo.

El caso de Edith Gua­da­lupe le revienta en las manos a una de las figu­ras con­sen­ti­das de los duros de Morena, Clara Bru­gada, y a la here­dera de una de las fami­lias que inte­gran la nobleza del obra­do­rato, Bertha Alcalde, cuya her­mana es la diri­gente nacio­nal y cuya madre fue pre­si­denta del Con­sejo de Morena. Por eso, exhibe todo el orga­ni­grama y toda la his­to­ria.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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