Durante la homilía dominical celebrada en la Catedral de Cuernavaca, el obispo de la Diócesis de Cuernavaca, Ramón Castro Castro, exhortó a la comunidad a vivir con esperanza y compromiso cristiano en el marco de la solemnidad de la Ascensión del Señor, un acontecimiento central en la fe católica.
En su mensaje, el obispo dio la bienvenida a un grupo de jóvenes atletas de lucha olímpica y a peregrinos que viajarán a Roma en el marco del Año Santo, a quienes ofreció su bendición y solidaridad.
Refiriéndose a la fiesta litúrgica, Castro Castro subrayó que la Ascensión no es un simple relato, sino un evento esencial de la vida de Cristo que une su muerte, resurrección y glorificación: “La humanidad, al ser asumida por Cristo resucitado, entra con Él en la gloria del Padre. Esto nos revela nuestro destino como pueblo de Dios”, afirmó.
El obispo destacó que la Ascensión es un signo de esperanza, pues donde está la cabeza —Cristo—, también estará su cuerpo, que es la Iglesia. “Nuestra naturaleza mortal está ya, en principio, sentada con Él en el cielo”, dijo, citando a San Agustín para recordar que “Cristo, al encarnarse, no dejó de estar en el cielo; y al ascender, no dejó de estar entre nosotros”.
Explicó que la Ascensión implica que Jesús ha vencido la muerte y ha entrado en la plenitud de la vida con Dios, no como una partida, sino como una nueva forma de presencia entre los fieles. “Cristo se ha quedado con nosotros en la Eucaristía, en los más necesitados, en la comunidad reunida en su nombre”, subrayó, recordando que “todas las promesas de Cristo son verdaderas y se cumplen”.
Finalmente, monseñor Ramón Castro invitó a renovar la fe y la esperanza, y a no olvidar que, aunque Jesús ascendió al cielo, permanece vivo y presente en medio de su pueblo.