Durante años parecía que la industria de la moda, las celebridades y las redes sociales comenzaban a dejar atrás la obsesión por los cuerpos extremadamente delgados. El body positivity ganó terreno, aumentó la representación de distintas tallas y comenzó a cuestionarse una idea que dominó durante décadas: que ser más delgado era sinónimo de ser más atractivo, saludable o exitoso. Sin embargo, especialistas en imagen corporal advierten que la cultura de la delgadez podría estar regresando, aunque ahora bajo nuevas formas.
Uno de los nombres que inevitablemente ha quedado atrapado en esta conversación es el de Ariana Grande. La apariencia de la cantante ha provocado durante los últimos años una enorme cantidad de comentarios y especulaciones sobre su peso y su estado de salud. Pero existe una diferencia fundamental entre hablar del fenómeno cultural y diagnosticar a una persona a partir de fotografías: no existe información pública que permita afirmar que Grande padezca un trastorno alimentario, utilice medicamentos para adelgazar o tenga determinada condición médica.
Ariana Grande y el problema de convertir un cuerpo en debate público
La propia artista ha pedido anteriormente que las personas sean más cuidadosas al comentar sobre los cuerpos ajenos y ha explicado que una apariencia considerada “saludable” desde fuera no necesariamente refleja el verdadero estado de una persona. Su caso evidencia una contradicción de nuestra época: mientras se insiste en que no debemos juzgar los cuerpos, las redes sociales convierten cualquier cambio físico de una celebridad en contenido susceptible de ser analizado, comparado y viralizado.
La pregunta, entonces, no debería ser “¿por qué Ariana Grande está tan delgada?”, sino otra mucho más amplia: ¿por qué el cuerpo de una mujer famosa vuelve a convertirse en referencia para determinar cómo deberían verse los demás?
Del body positive al regreso del “thin ideal”
Existen señales de un cambio cultural. La nostalgia por la estética de los años 2000 ha recuperado prendas como los pantalones de tiro bajo y estilos asociados con una época en la que las figuras extremadamente delgadas dominaban revistas, pasarelas y televisión. Al mismo tiempo, especialistas han advertido sobre tendencias en redes como SkinnyTok y una menor visibilidad de algunos discursos vinculados con la diversidad corporal.
El problema no está en que una persona sea naturalmente delgada. Tampoco en que alguien decida bajar de peso. El riesgo aparece cuando un determinado tipo de cuerpo vuelve a presentarse como requisito para alcanzar belleza, disciplina, éxito o estatus. Diversas investigaciones han relacionado la exposición constante al ideal de delgadez con insatisfacción corporal y conductas alimentarias problemáticas, particularmente entre jóvenes.
Ozempic y los GLP-1 cambiaron la conversación
A esta transformación se suma el auge de medicamentos conocidos como agonistas GLP-1. Ozempic, cuyo principio activo es la semaglutida, fue desarrollado principalmente para tratar la diabetes tipo 2, mientras que existen formulaciones de semaglutida indicadas específicamente para el tratamiento de la obesidad, como Wegovy.
Estos medicamentos pueden representar una herramienta médica importante cuando existe una indicación profesional y no deben ser demonizados ni equiparados automáticamente con una obsesión estética. Sin embargo, su popularización entre celebridades y en redes sociales también ha transformado la percepción sobre la pérdida de peso. Adelgazar rápidamente parece, para algunos usuarios, más accesible que nunca.
Ahí surge un nuevo riesgo: que un tratamiento médico termine convertido culturalmente en una exigencia estética. Mensajes como “ahora cualquiera puede adelgazar” pueden reforzar el estigma hacia las personas con cuerpos grandes y recuperar la idea de que permanecer delgado es una obligación.
¿El body positivity está desapareciendo?
El body positivity nunca significó que bajar de peso estuviera mal. Su planteamiento central es que el valor, la dignidad y el derecho al respeto de una persona no deberían depender de su talla.
Una persona puede adelgazar, aumentar de peso, ejercitarse, recibir tratamiento médico contra la obesidad o simplemente decidir no modificar su cuerpo. El problema comienza cuando esas decisiones individuales se convierten nuevamente en un estándar colectivo.
La preocupación de especialistas es precisamente que el discurso haya comenzado a desplazarse desde “todos los cuerpos merecen respeto” hacia una versión renovada del antiguo mandato de delgadez, ahora acompañado por filtros, algoritmos, rutinas virales, medicamentos y transformaciones físicas documentadas permanentemente en internet.
¿Por qué es importante hablar de Ariana Grande sin hablar de su peso?
Porque existen dos extremos igualmente problemáticos. Por un lado está glorificar cuerpos extremadamente delgados y convertirlos en una meta universal. Por otro, asumir que cualquier persona delgada necesariamente está enferma y utilizar fotografías para diagnosticarla públicamente.
Ambas conductas convierten el cuerpo de una persona en propiedad de los demás.
La preocupación por alguien cercano puede ser legítima cuando existen señales de sufrimiento, pero es diferente preguntar en privado si necesita ayuda que escribir frente a millones de personas que una celebridad “parece enferma”, atribuirle un trastorno o asegurar que utiliza determinado medicamento sin ninguna evidencia.
El nuevo ideal corporal tiene un aliado que antes no existía
Quizá la cultura de la delgadez nunca desapareció completamente. Lo que cambió durante algunos años fue la fuerza con la que se cuestionaba. Ahora, la combinación de estética Y2K, redes sociales, medicamentos para bajar de peso y menor presencia de ciertos discursos de diversidad corporal ha vuelto a encender las alertas.
Y existe una diferencia importante respecto de los años 90 y 2000.
Entonces, los estándares corporales llegaban principalmente desde revistas, televisión, publicidad y pasarelas. Hoy un algoritmo puede colocar frente a una persona cientos de cuerpos, dietas, transformaciones físicas y recomendaciones para adelgazar todos los días, directamente en la pantalla de su teléfono.
Por eso, el verdadero debate no debería centrarse en cuánto pesa Ariana Grande. Su caso permite hacer una pregunta mucho más incómoda: ¿realmente aprendimos a dejar de medir el valor de las personas por el tamaño de sus cuerpos o simplemente estábamos esperando una nueva forma de hacerlo?
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