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El more­lense Mat­hias Caleb Gutié­rrez Abarca repre­sen­tará a México en la cate­go­ría 2013 Varo­nil

Mba­lón aza­te­pec.- Entre miles de botes de y un “mar” de talento infan­til en todo el país, el nom­bre de Mat­hias Caleb Gutié­rrez Abarca, apa­re­ció en la lista defi­ni­tiva de la Selec­ción Mexi­cana de Mini­bas­ket MX, en la cate­go­ría 2013 Varo­nil de Mini­bas­ket MX, y ahora repre­sen­tará a México, con­vir­tién­dose en un orgu­llo para Maza­te­pec y para todo el estado. Ori­gi­na­rio de la colo­nia El Flo­rido, en Maza­te­pec, Mat­hias per­te­nece al Club Jagua­res Mia­cat­lán y ha for­jado su camino bajo la guía de su entre­na­dor Alfonso Alva­rado en club y María Rebo­llo en el selec­tivo de More­los.

Su lla­mado marca la pri­mera oca­sión en que es con­si­de­rado para una Selec­ción Mexi­cana, logro que llega tras años de dis­ci­plina y cons­tan­cia. Su his­to­ria con el balon­cesto comenzó a los cua­tro años de edad. Diag­nos­ti­cado con TDAH, su fami­lia deci­dió cana­li­zar su ener­gía a tra­vés del deporte. “Prac­ti­caba nata­ción, fut­bol y bás­quet­bol, pero defi­ni­ti­va­mente mi pasión fue el balon­cesto”, com-par­tió. Desde enton­ces, la duela se con­vir­tió en su segundo hogar.

Para Mat­hias, el bás­quet­bol no es sólo un juego. “Es como mi ali­mento, si no juego me debi­lito igual que si no comiera. El bas­quet me hace feliz, me man­tiene activo, sano y me cura todos los males que pueda tener”, expresó con sin­ce­ri­dad.

El camino no ha sido sen­ci­llo, pero siem­pre ha con­tado con el res­paldo incon­di­cio­nal de su fami­lia. “Mi papá y mi mamá han sido mi prin­ci­pal apoyo. Siem­pre han estado con­migo, sin impor­tar si era bueno o malo en la can­cha”, señaló. Su mayor moti­va­ción tiene nom­bre pro­pio: su mamá, a quien dedica cada triunfo.

El sueño de Mat­hias apunta alto. “Sería un sueño jugar en la NBA”, con­fesó, aun­que por ahora su deseo es sim­ple y pode­roso: jugar y seguir dis­fru­tando. Cada salto y cada carrera en la duela repre­sen­tan una vic­to­ria per­so­nal, espe­cial­mente por­que —según recuerda su madre— alguna vez le dije­ron que quizá no podría cami­nar. Hoy, cada canasta es una forma de demos­trar que los lími­tes se rom­pen con fe y esfuerzo.

Hoy, el balón lo lleva más lejos que nunca. Maza­te­pec cele­bra a uno de sus hijos, mien­tras Mat­hias se pre­para para por­tar con orgu­llo los colo­res de México en la duela nacio­nal.

Demues­tra que el tra­bajo sí rinde fru­tos

Con la humil­dad intacta, Mat­hias deja un men­saje claro: “Soy un chico como cual­quier otro, así que si yo pude, todo el que tra­baje podrá. Dis­ci­plina, cons­tan­cia y esfuerzo son la clave”. Y añade un agra­de­ci­miento espe­cial para los padres que apo­yan desde la grada: “Nada se logra sin la porra de mamá y papá”. Para el juve­nil more­lense, el res­paldo fami­liar no sólo se escu­cha en los aplau­sos, tam­bién se refleja en cada entre­na­miento, en los tras­la­dos a los par­ti­dos y en el ánimo que recibe des­pués de cada triunfo o derrota. Está con­ven­cido de que el deporte no sólo forma atle­tas, sino tam­bién carác­ter, y espera que su his­to­ria motive a más niñas y niños a encon­trar en la duela un espa­cio para soñar en grande.

Está feliz por su con­vo­ca­to­ria

Sobre su con­vo­ca­to­ria a la Selec­ción, el juve­nil no ocultó la emo­ción. “Se siente bonito, que el tra­bajo ha valido la pena. Me siento feliz de que hayan visto en mí habi­li­da­des para repre­sen­tar a México”. A la par, reco­noce la res­pon­sa­bi­li­dad: “Quiero hacer un buen papel y que se sepa en otros luga­res que México tiene talento”.

Sobre el autor

Sofía Vazquez Cerón
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