Para el estado de Morelos, la posible llegada de una firma automotriz no representa simplemente la apertura de una nueva fábrica; es la oportunidad de revertir décadas de estancamiento industrial y posicionar a la entidad como un referente de innovación en el centro del país. Ante este panorama, la política de “facilidades totales” por parte del Gobierno del Estado no debe verse como una concesión, sino como una inversión obligatoria.
La salida de actores históricos del sector manufacturero en la zona de CIVAC ha dejado una infraestructura subutilizada y una fuerza laboral en la incertidumbre. El otorgamiento de facilidades administrativas y fiscales para una empresa de automóviles de ultra lujo es una transición inmediata hacia la Industria 4.0.
Al facilitar la tenencia de la tierra y agilizar los permisos de operación, el gobierno asegura que Morelos no pierda su vocación industrial frente a estados vecinos como Hidalgo, Puebla o Querétaro, que compiten agresivamente por los mismos capitales, como lo ha sostenido la gobernadora. La llegada de “miles de millones de dólares” tiene un impacto que trasciende las paredes de la planta. Una armadora de este nivel atrae consigo a proveedores de componentes electrónicos, software y logística. Al dar facilidades de instalación, el gobierno estatal está, en realidad, fomentando la creación de un ecosistema económico.
Esto se traduce en una mayor recaudación a largo plazo y, lo más importante, en la generación de empleos de alta especialidad que evitarán la “fuga de cerebros” de jóvenes ingenieros morelenses hacia otros estados. La infraestructura y sustentabilidad como moneda de cambio, no es cualquier cosa. Las facilidades no deben limitarse a lo fiscal.
El compromiso del gobierno para garantizar el suministro de energía limpia y la gestión eficiente del agua es el lenguaje que las empresas modernas entienden. Es uno de los plus que oferta Morelos. Al invertir en la infraestructura que rodea a la planta, el estado no solo sirve a la empresa, sino que mejora la conectividad y los servicios para las comunidades aledañas, elevando la calidad de vida general. Pero, las empresas requieren de un piso firme para poder instalarse. Ese piso lo da la certeza jurídica y la estabilidad social.
La crisis por la que atraviesa la Universidad Autónoma del Estado de Morelos, llega en un momento inoportuno. (No sé cual sería el momento oportuno, por cierto). Lo que está en juego al hacer posible la inversión de la automotriz es el lanzamiento de Morelos a las grandes ligas en tecnología, inversión, empleo y educación. La situación geográfica de Morelos es envidiable.
La autopista del sol nos une con la costa del pacífico en tres horas. Con la CDMX, del principal centro económico del país, estamos a una hora. La conectividad es envidiable y el posible reacondicionamiento del aeropuerto local, será importante para la estrategia de la empresa.
Se espera que la planta sirva como “hub” para el mercado de lujo de México y Norteamérica. Bien hace el gobierno en ofrecer incentivos fiscales. También que se logren acuerdos con la CFE que aseguren la capacidad energética que es un plus que nos da ventaja competitiva. Los planes para dar seguridad a la logística de salida de los vehículos a los puertos y la frontera, posiblemente sea la clave que logre convencer los chinos para que se queden aquí.
La competencia por la inversión extranjera es feroz y no admite titubeos. Que el Gobierno de Morelos ofrezca todas las facilidades necesarias para la instalación de este gigante asiático es una decisión de Estado que trasciende periodos políticos. Es el momento de transformar la ubicación privilegiada de Morelos y su clima envidiable en una ventaja competitiva real. Si se logra concretar este proyecto, Morelos no solo estará ensamblando vehículos de lujo; estará ensamblando las bases de una nueva era de prosperidad, tecnología y orgullo estatal.
