Entre comillas: Rendición de cuentas a los 100  días más allá de la transparencia

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Cien días para transformar una ciudad se antoja una misión imposible. El Cabildo presentó su informe para mostrar a los ciudadanos lo que se ha hecho en ese breve espacio de tiempo. Tres meses y cacho.

Cuernavaca ha vivido una serie de administraciones mediocres, por decir lo menos, que la han sumido en un profundo deterioro en casi todos los rubros: vialidades, comercio desordenado, economía, agua, seguridad y violencia... Se antoja verdaderamente como una misión imposible. 

La esperanza muere al último y la actual administración municipal propuso modificar la ruta (¿existió?), por la que se ha transitado. José Luis Urióstegui propuso, y por eso ganó el favor de los cuernavacenses, que era posible renacer la otrora famosa ciudad de la eterna primavera.

Los ayuntamientos son instituciones que tienen que rendir cuentas al menos en tres esferas, sostiene Guillermo M. Cejudo en su Cuaderno de “Planeación y rendición de cuentas” (CIDE y RCC). La de adentro: los miembros de la administración deben rendir cuentas al cabildo; la segunda, el cabildo debe de hacerlo hacia la sociedad, y la tercera, el ayuntamiento a la federación y al estado. 

En el ejercicio de los 100 días vimos un adelanto donde convergen las acciones realizadas por los regidores y las de los responsables de las principales áreas administrativas, que lo hicieron frente a su cabildo. 

El presidente municipal evaluó lo hecho por el ayuntamiento frente a su cabildo; autoridades estatales; diputados y representantes de la sociedad civil.

La forma es fondo, dice el clásico. El mensaje de Urióstegui y el Cabildo lleva a mostrar a la sociedad, la intención de gobernar con una Administración transparente, eficaz y que contenga la corrupción y la impunidad. La sociedad debe participar en el empeño y ser parte de la solución.

Destacó la creación del Instituto Municipal de Planeación (IMP). No se concibe la rendición de cuentas sin que existan planes y programas específicos. Nos dice Cejudo en los cuadernos del CIDE: “(que) la planeación sin la rendición de cuentas es inevitablemente incompleta... es difícil -cuando no imposible- monitorear, evaluar, controlar y auditar su cumplimiento, tomar decisiones para mejorar su desempeño, y sancionar o corregir lo que no se apegue a lo planeado”. El Plan de Desarrollo Municipal (PMD), que pronto se dará a conocer, será la forma para alcanzar las metas y objetivos plasmados en programas sectoriales. De allí la importancia del IMP. El Plan es la herramienta fundamental para orientar las políticas públicas y la rendición de cuentas.

El acto tuvo un fuerte contenido político. Mostró el estilo de gobernar y mandó el mensaje que deberá ser tomado en su justa dimensión: gobernar el municipio es tarea de todo el cabildo. Es destacable, porque el diseño de la organización municipal, al ser integrado por  diferentes fuerzas políticas, puede caer en la división, que obstaculiza la oportuna toma de decisiones. Tal y como lo hemos visto en el pasado reciente.

La voluntad política de promover la rendición de cuentas quedó expresada. Convocar a la gente para que participe. Tarea nada fácil. El ciudadano solo participa ante problemas que le afectan directamente, como la falta de agua, de luz o de drenaje. En todo lo demás es apático.

La rendición de cuentas (RC) tiene forzosamente que ir más allá de la cosa contable financiera. La Auditoría del Congreso se encarga de esto. (Nos ha quedado a deber, por cierto). Se trata de evaluar el impacto de las políticas públicas. Así de sencillo. Así de complejo. Los subsecuentes ejercicios de RC podrán tener un diseño que permita la interacción con la sociedad. Pero eso, es otro tema.

Lamentable la ausencia de un representante de nivel del gobierno estatal es un mensaje también que no abona a la gobernanza. Ojalá recapaciten y le den el nivel que requiere la relación con las autoridades de la capital del estado.

Por: Ariel Homero López Rivera

opinion@diariodemorelos.com

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