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Las elec­cio­nes inter­me­dias repre­sen­tan, por defi­ni­ción, un ejer­ci­cio insus­ti­tui­ble de corte de caja demo­crá­tico. Es el momento pre­ciso en el que la ciu­da­da­nía eva­lúa el desem­peño de sus auto­ri­da­des, rati­fi­cando el rumbo o exi­giendo un viraje de timón. En More­los, la carrera rumbo al 2027 comenzó pre­ma­tu­ra­mente. Desen­ca­de­na­das las ambi­cio­nes de los aspi­ran­tes, la lucha por el posi­cio­na­miento indi­vi­dual ha reba­sado las estruc­tu­ras for­ma­les: las cúpu­las par­ti­dis­tas se mues­tran impo­ten­tes o desin­te­re­sa­das en impo­ner orden. Mien­tras las reu­nio­nes a puerta cerrada se mul­ti­pli­can pro­mo­viendo acuer­dos, nego­cia­cio­nes y pro­me­sas de fide­li­dad.

His­tó­ri­ca­mente en los comi­cios de en medio la par­ti­ci­pa­ción ciu­da­dana es menor. Ante la apa­tía del elec­to­rado, las estruc­tu­ras de movi­li­za­ción del ofi­cia­lismo toman la delan­tera. Con mayo­res recur­sos — líci­tos e ilí­ci­tos—, el par­tido del gobierno aplica su capa­ci­dad para movi­li­zar a su base dura, con impacto en los muni­ci­pios rura­les y en las zonas subur­ba­nas de la enti­dad, le per­mite con­trol del terri­to­rio a pesar de la mala admi­nis­tra­ción de los ayun­ta­mien­tos.

En con­traste, la capi­tal del estado y los muni­ci­pios conur­ba­dos se dará la prin­ci­pal bata­lla. Aun­que la clase media urbana mani­fiesta resis­ten­cia a la con­ti­nui­dad de MoReNa, su voto no será un che­que en blanco para la opo­si­ción. Estará con­di­cio­nada por la eva­lua­ción directa del desem­peño muni­ci­pal en dos rubros crí­ti­cos: la con­ten­ción de la delin­cuen­cia y la cali­dad de los ser­vi­cios públi­cos. La con­ver­sa­ción en pla­ta­for­mas digi­ta­les demues­tra una mayor par­ti­ci­pa­ción social sobre la segu­ri­dad. El posi­ble vín­culo de los can­di­da­tos con agru­pa­cio­nes delic­ti­vas actuará como un fil­tro. La per­cep­ción sobre los resul­ta­dos de los gobier­nos esta­tal y fede­ral sin duda influi­rán.

El fac­tor más deter­mi­nante para el pro­ceso de 2027 reside en el impacto del cri­men orga­ni­zado. Su capa­ci­dad es una ame­naza. Es una varia­ble capaz de defi­nir el triunfo en alcal­días y dis­tri­tos loca­les. Las reper­cu­sio­nes de este fenó­meno dis­tor­sio­na­rán la gober­na­bi­li­dad y la agenda del Con­greso del Estado.

En los muni­ci­pios bajo influen­cia de las mafias, la labor par­la­men­ta­ria que­dará com­pro­me­tida. La pre­sión sobre los comi­tés encar­ga­dos de revi­sar las cuen­tas públi­cas obs­ta­cu­li­zará el tra­bajo de la Enti­dad Supe­rior de Fis­ca­li­za­ción (ESAF). Las comi­sio­nes estra­té­gi­cas de Segu­ri­dad Pública, Hacienda y Pun­tos Cons­ti­tu­cio­na­les verán blo­quea­das sus ini­cia­ti­vas cuando estas con­tra­ven­gan los inte­re­ses de dichos gru­pos. Los legis­la­do­res cuyo acceso al poder sea finan­ciado por redes delic­ti­vas no res­pon­de­rán a las diri­gen­cias de sus par­ti­dos ni a sus gru­pos par­la­men­ta­rios; actua­rán por cuenta pro­pia. En con­se­cuen­cia, las nego­cia­cio­nes pre­su­pues­ta­les y la desig­na­ción de magis­tra­dos—como los inte­gran­tes del Poder Judi­cial— deja­rán de ser acuer­dos polí­ti­cos entre coor­di­na­do­res de ban­cada para con­ver­tirse en votos cau­ti­vos de inte­re­ses aje­nos a la pobla­ción.

A nueve meses de la jor­nada elec­to­ral, el mapa polí­tico en More­los per­mite pro­yec­tar tres esce­na­rios:

El pri­mer esce­na­rio plan­tea la con­so­li­da­ción hege­mó­nica de Morena. Impul­sado por la maqui­na­ria guber­na­men­tal, las trans­fe­ren­cias a tra­vés de pro­gra­mas socia­les fede­ra­les y esta­ta­les, sumado al caos de una opo­si­ción deses­truc­tu­rada, el par­tido ofi­cial esta­ría en con­di­cio­nes de recu­pe­rar muni­ci­pios urba­nos clave de la zona metro­po­li­tana como

Jiu­te­pec o Cuautla. La baja par­ti­ci­pa­ción elec­to­ral faci­li­tará que la movi­li­za­ción del voto duro deter­mine los resul­ta­dos a favor del par­tido en el poder.

El segundo esce­na­rio, repe­tirá el patrón his­tó­rico de las inter­me­dias. En este esquema, el elec­to­rado rural y semiur­bano refrenda su res­paldo a la coa­li­ción ofi­cia­lista, mien­tras que los cen­tros urba­nos emi­ten un voto de con­tra­peso o rati­fi­can a la opo­si­ción. La alianza opo­si­tora retiene Cuer­na­vaca y afianza su pre­sen­cia en la franja conur­bada, mien­tras que el blo­que ofi­cia­lista domina la zona del oriente, el sur y los altos de More­los.

El ter­cer esce­na­rio, y el más com­plejo para la esta­bi­li­dad del estado, prevé una frag­men­ta­ción por voto de cas­tigo. Des­gas­ta­das las admi­nis­tra­cio­nes salien­tes de todos los sig­nos polí­ti­cos, el elec­to­rado dis­persa su voto de forma indis­cri­mi­nada. Movi­miento Ciu­da­dano y otras alter­na­ti­vas logran capi­ta­li­zar el des­con­tento en alcal­días conur­ba­das e inter­me­dias como Yau­te­pec, Temixco, Tepozt­lán y Ayala. La alta pul­ve­ri­za­ción del sufra­gio per­mi­ti­ría que diver­sos can­di­da­tos obten­gan la vic­to­ria con por­cen­ta­jes de ape­nas el 20 al 25% de la vota­ción total.

Este último esce­na­rio donde nin­guna fuerza polí­tica ejerza el con­trol terri­to­rial. El gobierno del estado se vería obli­gado a enta­blar nego­cia­cio­nes con ayun­ta­mien­tos de muchos par­ti­dos, con­fi­gu­rando el pano­rama más para la gober­nanza y com­pro­me­tiendo el desa­rro­llo de More­los.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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Sobre el autor

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Ariel Homero López Rivera
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