Entre Comillas: Política pública de barrio: Sociedad vs. Crimen

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En More­los existe una coin­ci­den­cia ine­lu­di­ble: la urgente nece­si­dad de redu­cir la inse­gu­ri­dad. Es un fla­gelo que afecta a todas las capas socia­les y nos man­tiene en una zozo­bra per­ma­nente. En cola­bo­ra­cio­nes ante­rio­res he sos­te­nido que la polí­tica pública debe ser el ins­tru­mento prin­ci­pal para com­ba­tir al cri­men. Expe­rien­cias inter­na­cio­na­les como las de Mede­llín y Bar­ce­lona demues­tran que, si bien no se trata de copiar mode­los, sí existe una ruta clara para con­te­ner la vio­len­cia cri­mi­nal mediante la par­ti­ci­pa­ción ciu­da­dana.

En los casos de éxito, des­taca un ele­mento cen­tral: la socie­dad no solo acom­paña, sino que con­duce, en coor­di­na­ción con la auto­ri­dad, la trans­for­ma­ción de su entorno. Como diría Maquia­velo: “Divide et impera” (divide y ven­ce­rás). Hoy, el cri­men orga­ni­zado uti­liza pre­ci­sa­mente esa divi­sión para some­ter­nos. Nues­tra res­puesta debe ser la con­tra­ria: la cohe­sión comu­ni­ta­ria para recu­pe­rar el tejido social.

Debe­mos enten­der el pro­blema desde todas sus aris­tas, y para ello, el mate­rial cien­tí­fico es vasto. El Ins­ti­tuto Nacio­nal de Salud Pública (INSP) nos brinda un diag­nós­tico inte­gral, rigu­roso y pro­fe­sio­nal. Al mapear los polí­go­nos de alta inci­den­cia —como Cuer­na­vaca, Cuautla y Jiu­te­pec—, el INSP iden­ti­fica fac­to­res de riesgo como la deser­ción esco­lar, el emba­razo ado­les­cente y la falta de ser­vi­cios bási­cos. Estos no son solo datos esta­dís­ti­cos; son el caldo de cul­tivo donde ger­mina la vio­len­cia.

La evi­den­cia cien­tí­fica es con­tun­dente. La inves­ti­ga­dora Dra. Luz Are­nas (INSP), ha expli­cado cien­tí­fi­ca­mente que la vio­len­cia de pareja no se resuelve con más poli­cías, sino inter­vi­niendo en los vín­cu­los fami­lia­res y comu­ni­ta­rios. Si el delito con mayor volu­men en nues­tro estado es la vio­len­cia fami­liar —supe­rando incluso al cri­men orga­ni­zado según datos del SESNSP—, enton­ces la estra­te­gia actual está errando el blanco al enfo­carse solo en la fuerza reac­tiva. Debe­mos inver­tir en el mejo­ra­miento de los barrios y en la salud men­tal de nues­tra pobla­ción. No sólo en patru­llas y cáma­ras.

La Encuesta Nacio­nal de Segu­ri­dad Pública Urbana (ENSU) refuerza esta tesis al adver­tir que fenó­me­nos como riñas, con­sumo de alcohol en calles y dis­pa­ros cer­ca­nos son el sín­toma de una “vecin­dad fallida”. La vio­len­cia comienza allí, en la coti­dia­ni­dad ero­sio­nada. Por el con­tra­rio, los estu­dios del INSP demues­tran que los lazos veci­na­les fun­cio­nan como una vacuna efi­caz con­tra el reclu­ta­miento de jóve­nes por parte de ban­das cri­mi­na­les.

El Cen­tro de Inves­ti­ga­ción en Sis­te­mas de Salud (CISS/INSP) ha publi­cado herra­mien­tas con­cre­tas, como el Manual de Pre­ven­ción Social de la Vio­len­cia con Par­ti­ci­pa­ción Ciu­da­dana, que deta­lla cómo estruc­tu­rar mesas de tra­bajo socie­dad-gobierno para dise­ñar pla­nes que tras­cien­dan trie­nios y sexe­nios. El lide­razgo debe recaer en la cohe­sión comu­ni­ta­ria, no exclu­si­va­mente en la fuerza reac­tiva del Estado.

No queda mucho tiempo antes de que la cri­sis ins­ti­tu­cio­nal sea irre­ver­si­ble. Urge que la ley faculte a la socie­dad orga­ni­zada para cons­truir la paz allí donde el Estado no puede lle­gar: en la fami­lia y el barrio. Las bases ya exis­ten: el Plan Esta­tal de Desa­rro­llo (PED) pro­vee el marco legal —el cual debe­mos per­fec­cio­nar—, el INSP aporta la evi­den­cia cien­tí­fica, y el INEGI, la esta­dís­tica. La aca­de­mia está dis­puesta a cola­bo­rar. El siguiente paso no es téc­nico, sino polí­tico: trans­fe­rir la con­duc­ción de la segu­ri­dad a manos de una socie­dad orga­ni­zada y cons­ciente. Es momento de dejar de ser víc­ti­mas de la divi­sión para con­ver­tir­nos en los arqui­tec­tos de nues­tra pro­pia segu­ri­dad.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.