Entre comillas: Movilidad social y combate a la pobreza

Ariel Homero López Rivera
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Se creía que se erra­di­ca­ría la pobreza con pro­gra­mas asis­ten­cia­les. No es así. Si bien la polí­tica social reciente indis­cu­ti­ble­mente ha mejo­rado la situa­ción de la gente pobre al ser impul­sada por el his­tó­rico incre­mento al sala­rio mínimo durante el sexe­nio pasado y la cober­tura masiva de los pro­gra­mas del Bie­nes­tar, el ver­da­dero indi­ca­dor de equi­dad a largo plazo sigue siendo la movi­li­dad social: la capa­ci­dad real de un indi­vi­duo para supe­rar de manera per­ma­nente las con­di­cio­nes socioe­co­nó­mi­cas de su naci­miento.

Es inne­ga­ble que las pen­sio­nes a adul­tos mayo­res, las becas edu­ca­ti­vas y la recu­pe­ra­ción del poder adqui­si­tivo del sala­rio han inyec­tado un ali­vio directo e inme­diato al bol­si­llo de los hoga­res más vul­ne­ra­bles. Sin embargo, su inci­den­cia en la movi­li­dad social es rela­tiva. Las trans­fe­ren­cias amor­ti­guan la pobreza y mejo­ran el con­sumo, pero no logran por sí solas mejo­rar la situa­ción socioe­co­nó­mica si no hay empleo for­mal de alta pro­duc­ti­vi­dad, infraes­truc­tura de salud efi­ciente y edu­ca­ción de cali­dad acce­si­ble para todos.

El Estado de More­los fun­ciona como un micro­cos­mos de las ten­sio­nes del país. Su posi­ción geo­grá­fica y su eco­no­mía divi­dida entre la zona metro­po­li­tana, el rezago rural y la peri­fe­ria urbana, reve­lan la urgen­cia de supe­rar la visión asis­ten­cial.

Los eco­no­mis­tas Ray­mundo Cam­pos Vás­quez y Gon­zalo Her­nán­dez Licona, en el ensayo publi­cado por Nexos, ana­li­zan el com­por­ta­miento de la pobreza de 1950 a 2024, al mar­gen de ideo­lo­gías y par­ti­dos, con­clu­yen que la pobreza en México no es un pro­blema deri­vado úni­ca­mente de la falta de recur­sos, sino una falla estruc­tu­ral de redis­tri­bu­ción y de garan­ti­zar los dere­chos socia­les bási­cos. De acuerdo con el Cen­tro de Estu­dios Espi­nosa Ygle­sias (CEEY), cerca del 70 % de las per­so­nas que nacen en el estrato más bajo de la escala socioe­co­nó­mica en la región cen­tro-sur per­ma­ne­cen allí¬ durante toda su vida adulta.

Aun­que en More­los la pobreza mul­ti­di­men­sio­nal ha regis­trado des­cen­sos en la enti­dad gra­cias al flujo de los pro­gra­mas fede­ra­les, más de la mitad de la pobla­ción con­ti­núa sin acceso a la segu­ri­dad social y más del 40 % enfrenta seve­ras pri­va­cio­nes en el acceso a ser­vi­cios de salud. La alta infor­ma­li­dad labo­ral que supera el 60

% de la fuerza de tra­bajo activa, actúa como heren­cia socioe­co­nó­mica: o sea, el hijo de un tra­ba­ja­dor infor­mal en el estado man­tiene una pro­ba­bi­li­dad abru­ma­do­ra­mente baja de acce­der a un empleo for­mal.

En su ensayo, los auto­res del ensayo en Nexos, coin­ci­den en una pre­misa fun­da­men­tal: la polí¬tica asis­ten­cial es un piso nece­sa­rio, pero insu­fi­ciente para rom­per la trampa de la mar­gi­na­ción. Para que la reduc­ción de la pobreza sea sos­te­ni­ble, es indis­pen­sa­ble arti­cu­lar la polí­tica de trans­fe­ren­cias con la estruc­tura pro­duc­tiva y la pro­vi­sión de bie­nes públi­cos uni­ver­sa­les.

Sus plan­tea­mien­tos dan la pauta para:

1. Des­vin­cu­lar la pro­tec­ción social del esta­tus labo­ral: Crear un sis­tema uni­ver­sal de salud y segu­ri­dad social finan­ciado por la vía fis­cal pro­gre­siva, de modo que per­der o cam­biar de empleo no sig­ni­fi­que la pér­dida de dere­chos huma­nos bási­cos.

2. Trans­for­mar la estruc­tura del mer­cado de tra­bajo: Capi­ta­li­zar la polí¬tica del sala­rio mí¬nimo vin­cu­lán­dola a esque­mas de capa­ci­ta­ción y for­ta­le­ci­miento de la pro­duc­ti­vi­dad en peque­ñas y media­nas empre­sas.

3. Y, la inver­sión en capi­tal humano y sis­te­mas de cui­dado: garan­ti­zar edu­ca­ción pública de cali­dad desde la pri­mera infan­cia y arti­cu­lar redes ins­ti­tu­cio­na­les de cui­dado que libe­ren tiempo pro­duc­tivo, espe­cial­mente para las muje­res.

Ante las elec­cio­nes que reno­va­rán a los ayun­ta­mien­tos y al con­greso, los can­di­da­tos se encuen­tran ante la opor­tu­ni­dad de pro­po­ner cam­biar el rumbo de la enti­dad. Las pro­pues­tas polí­ti­cas para el estado no pue­den limi­tarse a pro­me­ter la con­ti­nui­dad de las trans­fe­ren­cias mone­ta­rias; deben ofre­cer una visión inte­gral de desa­rro­llo eco­nó­mico y social.

La erra­di­ca­ción de la pobreza en More­los no se logrará midiendo cuán­tas trans­fe­ren­cias se entre­gan al mes, sino cuan­tos jóve­nes logran inser­tarse en el sec­tor for­mal y cons­truir una tra­yec­to­ria labo­ral ascen­dente.

El pro­ceso elec­to­ral repre­senta la opor­tu­ni­dad para exi­gir com­pro­mi­sos con­cre­tos: la crea­ción de un Sis­tema Esta­tal de Cui­da­dos, la inte­gra­ción del trans­porte público inte­rur­bano para redu­cir los cos­tos de tras­lado a los cen­tros de empleo, y la ali­nea­ción entre la oferta edu­ca­tiva de las uni­ver­si­da­des loca­les y la demanda eco­nó­mica regio­nal. Sola­mente cuando la cuna de ori­gen deje de deter­mi­nar el des­tino eco­nó­mico de los more­len­ses, se podrá aspi­rar a una ver­da­dera jus­ti­cia social con movi­li­dad ascen­dente.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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