El mapa político de México y Morelos se encuentra en una encrucijada histórica. Lo que comenzó en 2022 como un clamor callejero bajo la consigna “El INE no se toca”, ha mutado. La movilización ciudadana que frenó reformas constitucionales y cobijó a la Suprema Corte de Justicia frente al embate oficialista, hoy da un salto definitivo: la transición de la plaza pública a las boletas electorales a través del nacimiento de Somos MX. Sin embargo, el bautizo de fuego para esta nueva fuerza política no reside en obtener el registro, sino en demostrar si puede subvertir las viejas inercias del sistema o si terminará devorada por ellas.
Para entender la magnitud del reto, es imperativo revisar a Octavio Paz. En su célebre ensayo El Ogro Filantrópico, Paz retrató al Estado mexicano como una burocracia omnipotente que centraliza el poder, pero que se muestra generosa y paternalista para adormecer a la sociedad. Hoy asistimos a la restauración de ese “Ogro Renovado”: un ecosistema político que erosiona contrapesos institucionales mediante trampas legislativas y confunde derechos con dádivas. Frente a este coloso, la clase media y los sectores desencantados encontraron en el rosa una identidad; una diferenciación que ni es azul, ni roja, ni guinda.
El balance de 2024 dejó lecciones claras. La coalición “Fuerza y Corazón por México” alcanzó el 27.5% de la votación, demostrando que la alianza entre fuerzas antagónicas era posible, pero evidenciando también el deterioro terminal de los partidos tradicionales. El oficialismo y sus aliados demostraron la fuerza de una maquinaria aceitada. Para la Marea Rosa, la urgencia quedó de manifiesto: no basta con la indignación; se requiere una estructura territorial orgánica capaz de competir con un proyecto alternativo y atractivo.
El nacimiento de Somos MX abre ventanas de oportunidad inéditas. Su primera gran fortaleza radica en sus estatutos: los actuales dirigentes tienen prohibido aspirar a cargos de elección popular. Esta cláusula rompe de tajo con las nomenclaturas cupulares que han asfixiado la participación ciudadana en México. Al cerrar la puerta al auto-beneficio de las cúpulas, el partido se vuelve un imán legítimo para una ciudadanía ávida de incidir sin someterse a burocracias eternas.
La segunda posibilidad real es la descentralización del poder a través de asambleas primarias para definir candidaturas. En un país acostumbrado al “dedazo” y a los pactos de café, democratizar la selección interna es un avance revolucionario. En Morelos, la Marea Rosa fue clave para cumplir los requisitos del INE. Morelos parece que entendió que es la vía que ofrece una alternativa real para las clases populares y clasemedieras. Es la oportunidad de relanzar la política local, históricamente marcada por el reparto de cuotas y el reciclaje de personajes.
No obstante, el camino está minado de riesgos sistémicos y legales. El reto inmediato es de supervivencia jurídica: la ley prohíbe a los partidos nuevos formar coaliciones o candidaturas comunes en su primera elección. Somos MX deberá alcanzar por sí mismo el 3% de la votación en un escenario de extrema polarización. A esto se suma la batalla actual ante el Tribunal Electoral por la defensa de su nombre, un obstáculo burocrático que busca mermar su identidad de arranque.
El riesgo más profundo es cultural. La política mexicana opera bajo una gravedad casi irresistible hacia el vicio: el chapulinismo, los cacicazgos, los compadrazgos y la presión de grupos de interés —e incluso delincuenciales—. El peligro de que Somos MX termine operando como una franquicia electoral más, o como el refugio de cuadros desplazados del viejo régimen, es latente. Pasar de la horizontalidad de la marcha callejera a la verticalidad necesaria para administrar un partido político suele corromper las mejores intenciones.
La Marea Rosa demostró que la sociedad civil mexicana no está dormida. Ahora, convertida en opción partidista, tiene la oportunidad histórica de encarnar lo que Paz definía como la única medicina contra el absolutismo: una oposición real, vigorosa y genuinamente democrática. Si Somos MX cede a las inercias del compadrazgo y al clientelismo, terminará siendo asimilada por el ecosistema. Su supervivencia dependerá de su capacidad para mantenerse fiel a la ciudadanía y no convertirse en otra cabeza del Ogro que amenaza con engullir el porvenir democrático de la nación y de Morelos.
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