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Coahuila y More­los com­par­ten hoy una his­to­ria simi­lar: el desa­fío de sobre­vi­vir al fin de una era manu­fac­tu­rera. Vea­mos.

En Coahuila, el cie­rre defi­ni­tivo de Altos Hor­nos de México (AHMSA) dejó una cri­sis eco­nó­mica y social. La res­puesta ins­ti­tu­cio­nal no fue una salida popu­lista, sino una huida hacia ade­lante: la ace­le­ra­ción del pro­yecto Puerto Verde en Pie­dras Negras. Con una inver­sión esti­mada en más de 5,000 millo­nes de pesos, Coahuila cons­truye un nuevo puente inter­na­cio­nal exclu­sivo para carga, libra­mien­tos de alta resis­ten­cia y una aduana con ope­ra­ción con­ti­nua 24/7. El men­saje es claro: ante la caída del acero, el estado se recon­vierte en el corre­dor logís­tico más rápido hacia Esta­dos Uni­dos.

More­los vive una expe­rien­cia simi­lar tras el des­man­te­la­miento de la planta de Nis­san en CIVAC, en este ini­cio de 2026. Seis déca­das de fabri­car autos se esfu­ma­ron arras­trando con­sigo, según datos del IMSS, una san­gría que supera los 5,000 empleos for­ma­les en el estado.

Exis­ten accio­nes para ate­nuar el golpe a la eco­no­mía more­lense con los estí­mu­los fis­ca­les del Plan México. La recon­ver­sión de CIVAC hacia el sec­tor far­ma­céu­tico y de alta tec­no­lo­gía —con la lle­gada de fir­mas como Cam­be­rA­ma­rox y una inver­sión pri­vada cer­cana a los 50 millo­nes de dóla­res— demues­tra que hay inten­ción para enfren­tar el pro­blema que afecta a miles de fami­lias. La inver­sión de más de 630 millo­nes de pesos a tra­vés del pro­grama Impulso

More­los NAFIN, ofrece un tan­que de oxí­geno indis­pen­sa­ble para que las MIPY­MEs loca­les adop­ten nue­vos méto­dos y tec­no­lo­gías que les per­mi­tan sobre­po­nerse, par­ti­cu­lar­mente las que for­ma­ban parte de las cade­nas de pro­duc­ción de la empresa japo­nesa.

Sin embargo, a dife­ren­cia de Coahuila, el plan para More­los tiene seve­ras limi­ta­cio­nes estruc­tu­ra­les que ame­na­zan con des­ca­rri­lar la estra­te­gia. El pro­yecto actual padece de una preo­cu­pante mio­pía en su visión de infraes­truc­tura de comu­ni­ca­cio­nes. Mien­tras el cen­tro y norte del país se inter­co­nec­tan mediante ambi­cio­sos pro­yec­tos de tre­nes de carga y pasa­je­ros hacia 2030, More­los ha que­dado com­ple­ta­mente borrado del mapa ferro­via­rio fede­ral.

Com­pe­tir en la era del nears­ho­ring sin el ferro­ca­rril en CIVAC con­dena al Estado a una depen­den­cia del trans­porte por carre­tera y donde topa­mos con pared: el pre­su­puesto esta­tal y fede­ral para comu­ni­ca­cio­nes se limita a un pro­grama de con­ser­va­ción de 220 millo­nes de pesos. Man­te­ner dig­na­mente las vías exis­ten­tes es nece­sa­rio, pero insu­fi­ciente. Sin nue­vas auto­pis­tas, segun­dos pisos o libra­mien­tos que rom­pan el embudo logís­tico que repre­senta la entrada al Valle de México por Tlal­pan, el atrac­tivo indus­trial de la enti­dad se diluye en el pesado trá­fico vehi­cu­lar.

El segundo gran riesgo es la ausen­cia de una polí­tica pública de avan­zada que inte­gre la eco­no­mía con la segu­ri­dad. Las estra­te­gias de paci­fi­ca­ción en More­los se siguen dise­ñando desde un enfo­que pura­mente poli­cial y reac­tivo, divor­ciado de la rea­li­dad finan­ciera. Un plan inte­li­gente exi­gi­ría un engra­naje de alta pre­ci­sión: que la Secre­ta­ría de Segu­ri­dad Pública prio­rice el blin­daje de los entor­nos indus­tria­les de Jiu­te­pec y Cuer­na­vaca, com­ba­tiendo fron­tal­mente la extor­sión y el cobro de piso que hoy asfi­xian al comer­cio y ahu­yen­tan a los capi­ta­les de alta espe­cia­li­dad, los cua­les son suma­mente sen­si­bles a la segu­ri­dad de sus cade­nas de sumi­nis­tro.

Para que More­los no se con­vierta en una mera zona de bode­gas de paso, el gobierno de esta­tal y la fede­ra­ción deben tras­cen­der a los pro­gra­mas asis­ten­cia­les del Bie­nes­tar. Es indis­pen­sa­ble arti­cu­lar la edu­ca­ción uni­ver­si­ta­ria con la demanda téc­nica de los nue­vos labo­ra­to­rios; hace falta una ven­ta­ni­lla única metro­po­li­tana real que faci­lite los tra­mi­tes a las empre­sas, y, sobre todo, falta un Plan Estra­té­gico de Gran Visión (20-30 años) con una vali­dez legal a largo plazo que sobre­viva a los vai­ve­nes polí­ti­cos. Los ingre­dien­tes para el resur­gi­miento de More­los están sobre la mesa, pero sin infraes­truc­tura de comu­ni­ca­cio­nes de van­guar­dia ni segu­ri­dad pública con con visión eco­nó­mica, la receta estará incom­pleta. La eco­no­mía difí­cil­mente sal­drá ade­lante.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.

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Sobre el autor

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Ariel Homero López Rivera
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