Entre Comillas: El riesgo de dar la espalda a la Militancia

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Hablando de su expe­rien­cia en el que fue su par­tido polí­tico, el ex dipu­tado fede­ral por Morena, Jesús Alí de la Torre, dijo: “¿Cómo le dices a un joven que cons­truya, que sirva, que sea un buen ges­tor, que se pre­pare si a la mera hora… existe una cama­ri­lla, un auto­ri­ta­rismo como nunca, donde los car­gos final­mente obe­de­cen a líneas de mando…?”. El ex legis­la­dor, sin pre­ten­derlo, pone el acento en un tema rele­vante de la polí­tica en México: su males­tar por no ser con­si­de­rado por la cúpula de su par­tido para un puesto de elec­ción popu­lar. En entre­vista para Reforma, señala que nunca cono­ció las encues­tas mediante las cua­les lo des­ca­li­fi­ca­ron.

Parece la expre­sión de un sim­ple resen­tido, pero es algo esen­cial en la cul­tura demo­crá­tica. La cul­tura polí­tica de los par­ti­dos en México difi­culta alcan­zar un sis­tema demo­crá­tico avan­zado. El papel que jue­gan estas ins­ti­tu­cio­nes es con­sus­tan­cial al juego demo­crá­tico; sin embargo, el rumbo se ha per­dido. En lugar de tran­si­tar del “dedazo” a la demo­cra­cia, se ha lle­gado al “encues­tazo”, como bien señala el pod­cast de los ana­lis­tas de Expan­sión.

Los par­ti­dos deben ser espa­cios de mili­tan­cia activa, como afirma José Wol­den­berg. Es el lugar donde, a tra­vés del debate, se selec­ciona a los mejor pre­pa­ra­dos y a quie­nes argu­men­tan sus ideas con talento. Al uti­li­zar las encues­tas, los par­ti­dos renun­cian a la obli­ga­ción que tie­nen frente a la socie­dad —que es la que los sos­tiene— de for­mar cua­dros y deba­tir pro­yec­tos. La decla­ra­ción de prin­ci­pios y los esta­tu­tos son el marco en el que los aspi­ran­tes debe­rían sopor­tar sus pro­pues­tas; son docu­men­tos donde se define la ideo­lo­gía que los hace dife­ren­tes a sus adver­sa­rios.

Al sucum­bir a la “encues­ti­tis” —supo­niendo que las medi­cio­nes fue­ran serias— se evita que los mili­tan­tes con menos recur­sos, pero con inte­li­gen­cia y pro­pues­tas, lle­guen a pues­tos impor­tan­tes. Son ava­sa­lla­dos por quie­nes sí tie­nen recur­sos o reci­ben el apoyo de los “innom­bra­bles” y así pro­mo­verse en espec­ta­cu­la­res, redes socia­les, prensa y medios en gene­ral. Ade­más, en la mayo­ría de los casos, estas encues­tas no son serias: son mani­pu­la­das, opa­cas y pre­ten­den indu­cir al elec­to­rado.

Aca­dé­mi­cos del Cole­gio de México y la UNAM coin­ci­den en que se trata de un “prag­ma­tismo elec­to­ral”. Con ello pre­ten­den evi­tar frac­tu­ras inter­nas, como ha suce­dido en los inten­tos de elec­cio­nes “pri­ma­rias”. Obser­van que se trata de una simu­la­ción demo­crá­tica, pues fun­ciona como un meca­nismo de con­trol cupu­lar que uti­liza la “voz del pue­blo” como pre­texto.

Como si no fuera sufi­ciente lo que hemos pre­sen­ciado con quie­nes ahora gobier­nan, los par­ti­dos de opo­si­ción han anun­ciado que tam­bién apli­ca­rán ¡encues­tas! para selec­cio­nar a sus can­di­da­tos. La his­to­ria vuelve a repe­tirse, como dice el tango. En el pro­grama Ter­cer Grado, ana­li­zando las pasa­das elec­cio­nes fede­ra­les, se llegó a la con­clu­sión de que la apli­ca­ción de encues­tas —tanto en el ofi­cia­lismo como en el blo­que opo­si­tor— deriva en la sus­ti­tu­ción de la “legi­ti­mi­dad demo­crá­tica por la legi­ti­mi­dad esta­dís­tica”. Un franco retro­ceso. Pero, ¿a quién le importa?

Nor­berto Bob­bio advir­tió que los par­ti­dos polí­ti­cos corrían el riesgo de con­ver­tirse en máqui­nas elec­to­ra­les que solo bus­can el poder por el poder. Per­die­ron la ruta al dejar de ser cen­tros de for­ma­ción ideo­ló­gica.

Los ries­gos de selec­cio­nar can­di­da­tos ema­na­dos de encues­tas sue­len ser cala­mi­to­sos. La gente se ve influen­ciada por imá­ge­nes y lemas escue­tos que se repi­ten hasta el can­san­cio, o bien, por per­so­na­jes famo­sos que logran la sim­pa­tía de la mayo­ría sin poseer talento polí­tico ni expe­rien­cia admi­nis­tra­tiva. Un ejem­plo claro es Cuauh­té­moc Blanco.

La encuesta tam­poco es garan­tía de éxito, sea esta pro­fe­sio­nal o “fake”. La mili­tan­cia puede mani­fes­tar su rechazo no saliendo a pro­mo­ver al can­di­dato o, incluso, votando en con­tra. La estra­te­gia de “bra­zos caí­dos” surge natu­ral­mente cuando se impone a un externo sin mili­tan­cia mediante una encuesta debi­da­mente “cucha­reada”.

Las elec­cio­nes están a la vuelta de la esquina. Las cúpu­las par­ti­dis­tas se pre­pa­ran. El gobierno y su par­tido afi­nan su estra­te­gia de la encuesta; la opo­si­ción, por su parte, dará un paso al vacío si insiste en dar la espalda a su mili­tan­cia.

Las opi­nio­nes ver­ti­das en este espa­cio son exclu­siva res­pon­sa­bi­li­dad del autor y no repre­sen­tan, nece­sa­ria­mente, la polí­tica edi­to­rial de Grupo Dia­rio de More­los.