El gobierno de Morelos ha definido sus prioridades. En el plan de gobierno 24-30, ocupa la prioridad número uno el combate a la inseguridad. No hay duda en que es la inseguridad lo que más afecta a la población. Morelos ocupa el segundo lugar nacional en percepción de la inseguridad. Más allá de una percepción, la realidad la muestran la cifras.
Es clara la intención de los propósitos. Pero no se advierte que exista una verdadera comprensión del problema. Como consecuencia, no puede haber un plan que tenga posibilidades de éxito en el combate a la inseguridad, sin un diagnóstico que contemple las diferentes aristas de un problema sumamente complejo. El plan de gobierno hace énfasis en reducir la extorsión, los feminicidios y la violencia familiar. Contempla la colaboración de las distintas entidades encargadas de combatir al crimen organizado, federales y estatales. Es buena noticia. Sin embargo los delitos que se cometen en el día a día, son realizados por un solo individuo, de acuerdo a la ENVIPE. El crimen organizado la otra mitad, pero más lacerante.
Edgardo Buscaglia, experto en seguridad, estudioso y asesor en más de 100 países, sostiene que la delincuencia es un fenómeno social y económico, no militar, pues no se puede erradicar el problema sin entender las causas sociales que lo originan. En el libro publicado en 2012 “Vacíos de Poder en México”, plantea las grietas que hay en la arquitectura del sistema de combate al crimen organizado. Vacíos que propician el crecimiento y persistencia de la delincuencia organizada. Es lo que más lástima a la sociedad. Se trata de los delitos como el secuestro, la droga, la trata o el feminicidio entre otros.
Buscaglia observa que los vacíos de poder se dan en la las fallas en la aplicación de la ley. La incapacidad de las autoridades al aplicar eficazmente las leyes, permite la constante liberación de los delincuentes por faltas en el proceso legal. Aunado a la corrupción dentro de las instituciones gubernamentales y judiciales, que debilitan la capacidad del estado, se generan grietas que el crimen aprovecha para operar con impunidad.
Buscaglia advierte como una de las fallas más importantes la debilidad del Estado de Derecho. Señalaba en la década pasada, la falta de un sistema judicial fuerte. Hoy asombra que se pretendan solucionar las fallas mediante la elección de los jueces, sin entrar a las entrañas del tema de las debilidades del sistema de justicia. Convertir el problema en un tema ideológico, seguramente propiciará una mayor corrupción. Un mal diagnóstico basado en la ideología lleva a soluciones equívocas.
Es correcto adquirir tecnología para el combate: cámaras, drones, armamento, vehículos y despliegue de la inteligencia. No es suficiente. Lo hemos visto en el pasado y en el presente. Sin la participación de la sociedad organizada y sin recuperar la confianza en las instituciones, será imposible ganar la batalla al crimen.
¿Qué hacer? Buscaglia proponía un nuevo marco institucional que modificara la estructura policiaca y el sistema judicial. Hoy, no es posible ante la eminente desaparición de los organismos responsables de poner límites al poder. Aún sigue virgen la idea de crear controles preventivos al margen de la Federación. O sea, la construcción de un sistema de transparencia estatal con participación ciudadana, con mecanismos que llenen los vacíos actuales existentes en las leyes y en el poder .
El crimen organizado no duerme.
El nuevo gobierno tiene una enorme oportunidad. Debe tomar la iniciativa, llenando en lo local los vacíos de poder. Está obligado. El pueblo de Morelos ha planteado la esperanza. La historia registra cada momento.