El diagnóstico de la educación pública en México y en el estado de Morelos atraviesa por una paradoja fundamental de gobernanza. Mientras el mundo experimenta una aceleración tecnológica sin precedentes impulsada por la inteligencia artificial (IA), los sistemas educativos locales y nacionales permanecen atados a un modelo administrativo rígido, diseñado para las dinámicas laborales del siglo pasado. La paradoja radica en que, a pesar de que el discurso oficial abandera la equidad social, la incapacidad de renovar la infraestructura pedagógica y presupuestal profundiza las brechas de desigualdad entre quienes tienen acceso a la vanguardia tecnológica y quienes quedan rezagados en las aulas del Bienestar.
En Morelos, este fenómeno adquiere gravedad. La entidad goza de un privilegio extraordinario: es una de las regiones con mayor densidad de científicos e instituciones de investigación en el país. Sin embargo, existe una diferencia entre el capital del conocimiento y la realidad de sus escuelas públicas, principalmente.
Al revisar el Plan Nacional de Desarrollo y el Plan Estatal de Desarrollo de Morelos, la ausencia de políticas públicas integrales para promover la adopción, regulación y capacitación en inteligencia artificial resulta evidente. En los planes mencionados, la tecnología se percibe como una herramienta secundaria o un insumo administrativo para la digitalización de trámites, omitiendo el sistema de aprendizaje y la formación docente en competencias digitales o el fortalecimiento del pensamiento crítico basado en la tecnología. Sin aparecer siquiera mencionado en los planes de desarrollo. El uso de la IA se abandona a la iniciativa privada, acentuando la disparidad entre la educación particular y la pública.
El Estado está ausente de la gobernanza educativa. Esta postura se manifiesta en el repliegue de los actores clave frente a las transformaciones necesarias. Por un lado, la resistencia sindical y de grupos disidentes que rechazan la evaluación del desempeño y la actualización pedagógica bajo la consigna de defender derechos laborales adquiridos, ignorando que el estancamiento profesional de la planta docente vulnera el derecho superior de la niñez a una educación pertinente. Por el otro, la timidez de las autoridades gubernamentales que prefieren la inercia administrativa antes que asumir el costo político de reformar el sistema. Esta doble ausencia de visión de futuro por parte de unos y de autoridad transformadora por parte de otros genera un vacío donde la educación queda estancada.
El resultado de esta dinámica es una verdadera “camisa de fuerza” financiera y operativa para Morelos. Entre el 90 y el 95% del presupuesto que se destina a la educación básica a través del Instituto de la Educación Básica del Estado de Morelos (IEBEM) está comprometido de origen en el pago de gasto corriente, nóminas y pasivos laborales. Asimismo, aunque la Universidad Autónoma del Estado de Morelos (UAEM) cuenta con una asignación presupuestal garantizada constitucionalmente, los subsistemas de educación media superior y técnica sobreviven con márgenes reducidos que impiden la inversión en equipamiento informático, conectividad de alta velocidad e infraestructura adecuada.
Para romper esta camisa de fuerza y construir un modelo educativo a la altura de los tiempos actuales, Morelos requiere una estrategia institucional que no dependa exclusivamente de incrementos en el presupuesto federal.
En primer lugar, es indispensable actualizar el Plan Estatal de Desarrollo para incorporar un eje transversal de inclusión digital educativa. En segundo lugar, se debe aprovechar la capacidad instalada en los centros e institutos de investigación de la UNAM y la UAEM radicados en el estado, promoviendo alianzas para desarrollar soluciones tecnológicas locales, plataformas de software libre y programas de capacitación docente sin incurrir en costos de licenciamiento comercial. Finalmente, resulta urgente canalizar incentivos fiscales locales para que la iniciativa privada y las organizaciones de la sociedad civil inviertan directamente en el equipamiento tecnológico de las escuelas públicas ubicadas en los municipios con mayor vulnerabilidad.
Superar la paradoja de la gobernanza en educación de Morelos, exige abandonar el confort de la rutina burocrática y dejar atrás la comodidad del “ahí se va”. La inteligencia artificial no espera a que el sistema educativo resuelva sus disputas del pasado; la responsabilidad del Estado consiste en convertir la riqueza científica de la entidad en la palanca que nos proyecte a un futuro promisorio.
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