Entre comillas: Adolescencia en riesgo

ARIEL HOMERO LÓPEZ RIVERA

Es un tema que todos conocemos. Algunos la disfrutamos y otros la padecieron en mayor o menor medida. Tengo la impresión de que a los que nacimos a mediados del siglo pasado, en general, no nos fue tan mal. Sobrevivimos a crisis recurrentes década tras década y, en cierta manera, nuestra vida estaba trazada: estudiabas, te graduabas, encontrabas trabajo, te casabas, comprabas un coche, luego una casita, tenías hijos y esperabas la jubilación. Punto. La situación cambió de manera imperceptible. Los adolescentes de hoy, inmersos en sus dispositivos, apenas se dan cuenta de lo que pasa a su alrededor y más allá, salvo que aparezca en redes. ¿Qué hay de malo en este nuevo modo de ser adolescente? La Encuesta Nacional de Salud y Nutrición Continua 2024 (ENSANUT), publicada por el Instituto Nacional de Salud Pública (INSP), muestra algunos inconvenientes. El artículo de investigación “Prevalencia y tendencia de actividad física, comporta miento sedentario y sueño en adolescentes” aporta información relevante que debe tomarse en cuenta para el diseño de políticas públicas orientadas al bienestar juvenil. El texto señala que “la adolescencia es una etapa clave en el crecimiento y desarrollo de los jóvenes debido a que en esta ocurren importantes cambios físicos, emocionales y sociales que sientan las bases para la salud, el bienestar y las oportunidades en la vida adulta”. La práctica regular de actividad física, la limitación de los comportamientos sedentarios y un sueño adecuado tienen consecuencias profundas en su desarrollo. Organismos internacionales recomiendan que los adolescentes de 15 a 17 años realicen una hora diaria de actividad física, no pasen más de dos horas frente a pantallas, eviten periodos prolongados sentados y duerman entre 8 y 10 horas. Quienes tienen entre 18 y 19 años deberían realizar 150 minutos de actividad física a la semana, limitar a dos horas su tiempo ante pantallas y dormir de 7 a 9 horas diarias. No puedo evitar pensar que, en mis tiempos de adolescente, la calle era nuestra cancha de usos múltiples, de uso intensivo, y no había más dispositivo que un televisor compartido. Dormíamos como lirones. La ENSANUT revela que, entre los adolescentes mexicanos, el 46.2% son inactivos físicamente, el 91.5% pasa más de dos horas diarias frente a pantallas y el 43% reporta sueño insuficiente. La Organización Mundial de la Salud (OMS) detalla los efectos sociales y de salud: la falta de actividad física y el sedentarismo favorecen enfermedades cardiovasculares, varios tipos de cáncer, diabetes, depresión, ansiedad, estrés, obesidad, osteoporosis y pérdida de masa muscular. La falta de sueño, por su parte, ocasiona sedentarismo, afecta la memoria, la concentración, el rendimiento académico y laboral, y aumenta la susceptibilidad a infecciones. La OMS también destaca la carga que esto representa para los presupuestos públicos y la pérdida de productividad por ausentismo laboral, sin omitir el riesgo de discapacidad y jubilación prematura. Este problema, además, incrementa la desigualdad social, ya que la población con menos recursos tiene menor acceso a infraestructura para ejercitarse y a servicios de salud, lo que a su vez afecta la estabilidad familiar. El Plan Nacional de Desarrollo (PND) no señala con claridad qué hacer al respecto; más bien, lo aborda de manera tangencial. En contraste, el Plan Estatal de Desarrollo de Morelos lo plantea con mayor definición. Contra la inactividad física y la falta de sueño, establece estrategias y líneas de acción específicas. En el apartado 4, “Bienestar”, señala la necesidad de fomentar la actividad física en entornos escolares, laborales y comunitarios, reducir el tiempo ante pantallas y, como parte de una vida saludable, promover el sueño y el descanso adecuado. (Nada mal). El PED es un mapa que debe traducirse en programas. Afortunadamente incluye el Programa Estatal de Salud Escolar y “Actívate, Morelos”, cuyo objetivo es capacitar a profesores y difundir campañas informativas sobre sueño y activación física. Pasado un año de la toma de protesta de la gobernadora, sería bueno que el gobierno diera a conocer los avances obtenidos, los evaluara, hiciera las correcciones necesarias y definiera o renovara las estrategias para mejorar la vida de los adolescentes. No, no todo está perdido.

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