Entre Comillas: Abalorios

Ariel Homero López Rivera
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La selección de los aspirantes a ingresar como estudiantes es sumamente rigurosa. La búsqueda es constante para seleccionar a los más talentosos. Capacidad intelectual, rigor académico, disciplina, creatividad y fuerza de voluntad son indispensables para adquirir los conocimientos en matemáticas, lógica, historia, lenguas o filosofía. A medida que los estudiantes avanzan, son sometidos a evaluaciones y pruebas para evaluar el progreso. Sólo aquellos que demuestran capacidad excepcional en todas las artes, son seleccionados. Es la garantía para que la institución florezca y sobreviva con los altos niveles de educación requeridos.

Hermann Hesse publicó la novela en 1943: “El Juego de los Abalorios”. Tres años después recibió el premio Nobel. La novela se sitúa en un futuro remoto. Josef Knecht es el personaje que transitará por el intrincado, complejo y difícil camino de la excelencia en una entidad llamada Castalia, donde se concentra la Orden responsable de preservar el juego de los abalorios, que le da sentido a su existencia con una entidad del más alto nivel cultural.

Es una utopía. Abalorios es una especie de ábaco dónde se improvisa y se debate sobre el conocimiento, las artes y cultura, la belleza, cosas del espíritu y la meditación.

El juego de abalorios es una suerte de ejercicio intelectual y espiritual. Permite hacer conexiones entre conceptos e ideas. Anualmente celebraban el gran juego, dónde se muestran las habilidades intelectuales y creativas. Una especie de olimpiada del conocimiento y del saber.

Las instituciones educativas de los países más aventajados en su sistema educativo, han desarrollado procedimientos sumamente rigurosos para la selección de sus integrantes. Le han dado importancia a la educación para su estrategia de lograr mejor nivel de vida para sus habitantes.

El “Juego de los Abalorios” de Hermann Hesse confronta dos mundos, el mundo de la vida cotidiana de la sociedad con la del espíritu y la inteligencia. Instituciones educativas de alto nivel, que parecen encapsuladas en sus propios juegos mentales, académicos y de investigación.

México había construido un sistema para seleccionar y capacitar a individuos destinados a impartir justicia. La SCJN creó la estructura que permitió que los jueces de las distintas áreas jurídicas, fueran rigurosamente seleccionados y preparados. Con sus debilidades y limitaciones, el sistema funcionaba, aunque era sabida la necesidad de perfeccionar la estructura del sistema judicial e incrementar el número de jueces para eficientar el sistema.

El conocimiento, la academia, la investigación y la docencia perdieron la batalla. Ganó la ideología. El nuevo gobierno destruyó lo avanzado a través de los años. La rigurosa selección de lo responsables de impartir justicia se acabó. No serán los más capaces, estudiosos, talentosos o brillantes jurisconsultos. La nueva generación de jueces serán seleccionados por las urnas. Un procedimiento que los expertos advierten con enormes fallas y debilidades. Lo mejor será portarse bien y no caer en manos de los futuros jueces. La balanza de antemano estará inclinada hacia aquellos que coman de la ideología dominante.

En Castalia la ideología no era lo suyo. Existía sin barreras ideológicas. Permitía el libre juego de ideas, conceptos, propuestas pero estaban ajenos a la vida del mundo real.

Las universidades encerradas en su esfera de cristal, parecieran no haberse dado cuenta de lo que pasa en la vida real. Así era en Castalia. La sociedad los financiaba pero estaban lejos de ella.

La selección de los magistrados en Morelos fue un proceso fallido. Se observaron toda clase de argucias, triquiñuelas, enjuagues y corrupciones. El procedimiento mostró incongruencias, arbitrariedades, fallas, enfrentamientos y pleitos. No se escogió a los mejores abogados. Sino a los que tenían más dinero o más relaciones.

Ante el nuevo método de selección de jueces, calló la sociedad civil. Lo propuesto por el gobierno, se alejará aún más de un modelo de excelencia.

Las Universidades callaron. Igual que en Castalia. Abandonadas en sus juegos de abalorios… (Abalorios: Objeto de adorno vistoso y generalmente de poco valor. RAE)