Cuernavaca, Morelos.- Entre tumbas antiguas y lápidas desgastadas por el tiempo, el panteón de Teopanzolco guarda historias que han sorprendido incluso a quienes trabajan diariamente en el lugar. Una de ellas es la de Fernando García Domínguez, administrador del cementerio, quien asegura haber encontrado el cuerpo de una mujer prácticamente momificado durante una exhumación.
El hallazgo ocurrió hace aproximadamente dos años, cuando se realizaban trabajos para retirar restos humanos y permitir la sepultura de otro integrante de la misma familia.
Sin embargo, al abrir la tumba, el trabajador descubrió que el cuerpo no presentaba el estado de descomposición que esperaba, a pesar de que habían transcurrido alrededor de siete años desde su entierro.
El cuerpo conservaba su rostro después de siete años
García Domínguez, quien lleva ocho años trabajando como administrador del panteón, recordó que el cadáver mantenía gran parte de sus características físicas, aunque los tejidos se encontraban secos.
“Se veía completo, con la carne seca, como momia. Estaba bien conservado”, relató al describir una de las experiencias que más lo han sorprendido durante su trayectoria.
Ante las condiciones en las que encontró los restos, decidió suspender la exhumación y mantener el cuerpo en su lugar para permitir que continuara su proceso de descomposición.
Aunque la conservación de restos humanos puede relacionarse con diferentes condiciones ambientales y del sitio de entierro, en este caso no se cuenta con un estudio que determine las causas específicas del estado del cuerpo.
Fotografías, veladoras y objetos extraños entre las tumbas
El administrador también compartió que, durante sus recorridos por el cementerio, ha encontrado objetos que algunas personas relacionan con prácticas de brujería.
Entre ellos mencionó fotografías, prendas de vestir, veladoras y otros artículos colocados cerca de las sepulturas.
Explicó que estos objetos son retirados como parte de las labores habituales de limpieza y mantenimiento del panteón.
De acuerdo con su experiencia, este tipo de hallazgos se ha vuelto menos frecuente, situación que relaciona con el horario de funcionamiento del cementerio, cuyas puertas cierran a las seis de la tarde.
Un panteón con más de siete décadas de historia
Fernando García Domínguez señaló que el panteón de Teopanzolco tiene una antigüedad aproximada de 76 años, según los relatos de vecinos que recuerdan cómo era el lugar durante su infancia.
A lo largo de sus ocho años de trabajo, el administrador ha sido testigo de distintas situaciones que forman parte de la vida cotidiana de un cementerio, desde exhumaciones hasta hallazgos inesperados durante las labores de mantenimiento.
También reconoció que en algunas ocasiones ha escuchado pasos y ruidos que no logra identificar, aunque aseguró que con el paso del tiempo dejó de sentir miedo al permanecer entre las tumbas.
“El panteón no es un lugar de espantos”
Pese a las historias que suelen rodear a los cementerios, García Domínguez no considera que el panteón sea un sitio relacionado con la maldad o los fenómenos sobrenaturales.
Para él, se trata simplemente de su lugar de trabajo, un espacio donde diariamente realiza labores de administración y mantenimiento, rodeado de sepulturas que representan la historia de numerosas familias.
Después de ocho años entre tumbas, cruces y lápidas, asegura que aprendió a convivir con el silencio del cementerio y a mirar estos espacios desde una perspectiva diferente.
Así, el panteón de Teopanzolco continúa resguardando historias como la del cuerpo que permaneció conservado durante años, un hallazgo que sorprendió a su administrador y que permanece entre sus recuerdos más singulares.
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